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Wilma: Puerto Morelos olvidado desde antes del huracán .

No hay luz, teléfono, agua, comida, bienes, ni trabajo, porque la fuente de empleo de la que dependen es la pesca y el turismo, pero las embarcaciones quedaron destrozadas y el destino quedó bombardeado por los fuertes vientos
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Verónica Alfonso Cruz / EL UNIVERSAL online
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Puerto Morelos, Quintana Roo
Miércoles 26 de octubre de 2005

14:10 Todos hablan de Cancún o Playa del Carmen, pero de Puerto Morelos nadie, incluso desde antes del huracán Wilma, su situación era precaria, pero ahora más y nadie voltea a verlos.

Tristeza y desolación dejó para la comunidad de pescadores de Puerto Morelos, el paso del huracán Wilma.

Desde el huracán ?Gilberto?, no se había sentido algo similar, aunque aquella experiencia fue superada por mucho en esta ocasión.

Ahora no hay luz, teléfono, agua, comida, bienes y ni trabajo, porque la fuente de empleo de la que dependen es la pesca y el turismo, pero las embarcaciones quedaron destrozadas y el destino quedó bombardeado por los fuertes vientos de Wilma.

Juanita Sánchez, con sus siete hijos, apenas este día pudo salir del albergue ubicado al otro lado de la carretera, a 5 kilómetros del pueblo en donde tiene su casita.

Solo palitos vencidos y unos cuantos bienes, dentro del agua encontró luego de la tormenta, ya que el nivel del agua apenas esta bajando.

Entre agua fangosa pretendía recuperar algunas cosas y sólo lleno un morralito con ropa mojada, trastes, herramientas y algunos artículos de plástico, porque lo demás? ya no es recuperable.

El clamor generalizado es ?tenemos hambre?. Para muchas familias humildes se acabó la esperanza que tenían en su patrimonio. Ahora no saben que pasará.

Entre la basura buscan alimentos, aunque sean descompuestos o bajan de las pocas palmeras que sobrevivieron, el fruto para sustraerle el agua de coco y la carnosidad para aliviar el hambre.

Ya no hay dinero en efectivo, porque a muchos jefes de familia que trabajan en Cancún o Playa del Carmen, por las prisas, les fue imposible cobrar en el banco, su sueldo.

Esto aunado a que los precios de los productos básicos están por las nubes. Es imposible acceder a agua purificada, huevos, latería, tortilla, velas o carne, ya que por la falta de energía eléctrica solo dos tiendas del pueblo están abiertas y abusan de los precios.

Por ejemplo el kilo de carne esta en 80 pesos, el botellón de agua purificada en 35 y las velas en 20 pesos.

Esta villa de apenas 2 mil 800 habitantes, contaba con una reducida infraestructura hotelera y turística, que por su encanto natural y nativo, era más atractiva principalmente para los turistas europeos.

Hoy esto ya no existe. El muelle y el faro, icono del lugar, se desplomaron ante el embate del huracán categoría IV.

Lo mismo ocurrió con el malecón y el parque principal y dos escuelas que se encontraban a la orilla de la playa, un jardín de niños y una primaria.

Unos 12 pequeños hoteles de apenas 20 habitaciones y cabañas rústicas quedaron reducidos a nada. Lo mismo ocurrió con 10 restaurantes que daban vista al sitio pintoresco. Estructuras de concreto se vinieron abajo.

Desde los pisos, paredes, techos y los pilares que sostenían los edificios de uno y dos niveles, recibieron el fuerte impacto de olas que medían más de 10 metros de altura y se desplazaron por las cuatro calles que conforman el pueblo, para unirse con el mangle, considerado el habitat natural de cientos de cocodrilos, que eran otro de los atractivos del destino.

El fuerte oleaje provocó el recale del ferry ?Quintana Roo? de 40 metros de eslora y un guardacostas que habían atracado en el muelle y fueron arrastrados un kilómetro al sur y terminaron a 200 metros de la línea de costa, sobre la playa.

También recaló a la altura de la escuela primaria ?Rafael Melgar? restos del barco hundido, con las características de un galeón español y cuya fecha de fabricación se aprecia en una parte del casco en ruinas corresponde al año 1937.

Más de 80 casitas de palma, maderas y láminas de cartón y zinc, ubicadas en el primer cuadro de la ciudad, desaparecieron prácticamente y a cinco días del impacto de ?Wilma?, todavía se encuentran bajo el agua.

La colonia ?Cetina Gasca?, también sufrió los embates al caer más de 46 postes de energía eléctrica, dos de los cuales cayeron sobre viviendas y comercios.

El nivel del agua ahí no fue el problema, más bien los fuertes vientos que destruyeron el 65 por ciento de las viviendas.

ocs/grg

 
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