11:23 Eileen Collins, la astronauta que confiesa tener miedo de subirse en una montaña rusa, comanda hoy la misión del transbordador "Discovery", convencida de que esta es "la más segura de la historia".
Collins, de 48 años, es una mujer delgada, de maneras suaves y voluntad de hierro, que alcanza así el estatus de heroína en el cuerpo de elite de la NASA.
Madre de dos niños de nueve y cuatro años, la "mujer cohete" como la bautizó la revista "Irish American", creció en Elmira, una localidad de unos 30.000 habitantes al norte de Nueva York.
Su padre, cartero, y su madre, secretaria, se separaron cuando ella tenía nueve años, y a Collins y sus tres hermanos les tocó vivir una infancia de aprietos económicos que fueron trampeando gracias a la ayuda del estado.
De esos años en Elmira, Collins dice recordar su pasión por la serie Star Trek y las proezas del capitán James T. Kirk, además de su interés por los libros de aviación. Sin embargo, de pequeña soñaba con convertirse algún día en maestra de ciencias.
De ahí que decidiera graduarse de matemáticas en el Corning Community College, cerca de casa.
Durante esos años, nada hacía prever la carrera excepcional que le esperaba.
Sus profesores en Corning la recuerdan como una buena estudiante, pero no como alguien excepcional.
Ese perfil aparentemente común hace que algunos de sus instructores, como el profesor de Física Lawrence Josbeno, animen ahora a sus estudiantes diciéndoles que ellas también podrían convertirse en la próxima Eileen Collins.
A Corning le siguió la Universidad de Syracuse, donde Collins continuó mejorando sus conocimientos matemáticos y económicos.
Durante su último año en Syracuse, en 1978, tuvo lugar un acontecimiento que cambió el rumbo de la hoy comandante del "Discovery": las Fuerzas Aéreas decidieron abrir las puertas a las mujeres para el entrenamiento de pilotos.
A Collins le faltaban sólo seis meses para salir de la Universidad y solicitó inmediatamente su ingreso en el programa.
Se puso a trabajar como camarera en la Pizzeria Pudgie para costearse las clases de vuelo y prepararse para la prueba del ejército.
A partir de ese momento despegó su carrera de piloto, que la llevó primero a Oklahoma y después a California en una trayectoria meteórica que combinó con un máster en la Universidad de Stanford y otro en gestión de sistemas espaciales en la Universidad Webster.
Eileen Collins se encontró con muchas puertas abiertas en su camino hacia el espacio y los que la conocen le atribuyen el mérito de saber sacar partido a las oportunidades que se le presentan.
En 1989, tras dos años en la Academia de las Fuerzas Aéreas, Collins se granjeó ya fama de buena piloto, Participó, por ejemplo, en la invasión de EEUU a la isla de Granada.
En 1990 pasó, a la primera, el examen para convertirse en astronauta y finalizó el programa con su destino sellado: el de convertirse en la primera mujer que pilotaría, y después comandaría, un transbordador espacial.
Su marido, Pat Youngs, sigue las vicisitudes de su aguerrida esposa entre resignado y orgulloso. El también es piloto, pero de la aerolínea Delta.
El primer hito de Collins, que mantiene su apellido de soltera, tuvo lugar en 1995 cuando pilotó el "Discovery", la nave que hoy la adentrará en las inmensidades del espacio.
La titánica misión de comandar un transbordador le fue asignada en 1998 por el presidente Bill Clinton, que la invitó a la Casa Blanca para decirle que sería la primera mujer en ejecutar tal proeza. "Su vida", dijo Clinton entonces, "es una historia de desafíos alcanzados".
Collins cumplió con ese cometido en 1999, al frente del "Columbia", el transbordador espacial que se desintegró en 2003 al entrar de nuevo en la atmósfera.
En aquella misión, la mística que la rodea alcanzó dimensiones siderales. Collins se mantuvo imperturbable, según asegura su tripulación, pese a un incidente en el lanzamiento que amenazó con dejar al aparato sin combustible antes de alcanzar órbita.
La astronauta volvió a dejar claro, en unas declaraciones recientes, que tiene la situación bajo control: "No tengo nervios, ni emociones, ni ningún tipo de presión".
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