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Sartre o el arte de la divergencia .

La obra de Jean Paul Sartre, en la balanza. Para Octavio Paz fue desilusionante; a 25 años de su muerte, filósofos franceses discuten el valor de su novela La náusea
Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre conformaron una especie de ícono del París de su tiempo.(Foto: Especial)
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Gabriel Contreras
El Universal
Monterrey, Nuevo León
Jueves 14 de abril de 2005

09:46 1. Sartre frente a Raymond Aron

Tiempo de celebraciones. 2005 es el año del centenario de Jean Paul Sartre y también de Raymond Aron. Se trata de dos figuras que nacieron en 1905 y desarrollaron carreras igualmente brillantes, tocadas ambas en algún momento por la influencia de la filosofía alemana, y finalmente dueñas de un signo ideológico y político opuesto.

Sartre y Aron. Diversas coyunturas habrían de llevarlos a enfrentarse, a ser mutuamente disidentes y, en una palabra, a oponerse entre sí, teniendo como telón de fondo la segunda guerra, la guerra fría y el desarrollo de los totalitarismos en Europa.

La guerra, la sombra del fascismo y la expansión del socialismo, son cuestiones que marcaron a estos dos pensadores y que los conducirían a construir obras de intereses que coinciden, pero visiones que se oponen férreamente.

Sartre se consagraría como el gran símbolo de la izquierda francesa, dispuesto a defender causas como las de Stalin, Mao tse Tung, y Fidel Castro cada vez que fuera necesario. Sartre, de convicciones sólidas y una moral política intransigente, estableció a su alrededor un área de influencia interesante y de gran importancia para el análisis de la historia política europea del siglo XX. Atento además al desarrollo de un aparato filosófico abierto ante los campos de la estética y la literatura, Sartre fue más que un autor de textos filosóficos. Fue también un creador literario y un indagador de obras a las que consideró especialmente llamativas, como fue el caso de Gide y Flaubert.

Aron, por su parte, prefirió convertirse en el gran observador de la sociedad francesa en la coyuntura de la postguerra, oponiendo sus visiones a los ?progresos? del socialismo, dominado entonces por un stalinismo implacable e irremediable; un stalinismo que, más allá de toda crítica intelectual, sucumbiría a sus propias crisis muchos años después.

Sin embargo, aunque Sartre y Aron coincidirían en su año de nacimiento y en las fuentes alemanas de su formación; aunque ambos tendrían puntos de contacto en términos de objeto de análisis, hubo un intelectual mexicano que estuvo también en algún momento cerca de Sartre, aunque sólo sería para vivir la experiencia de la decepción: Octavio Paz...

2. Sartre frente a Octavio Paz

Este 15 de abril se cumplen 25 años de la muerte de Jean Paul Sartre. El ambiente intelectual francés se ha movilizado desde principios de año, dado que se cumple no sólo un cuarto de siglo de su muerte sino también un siglo de su natalicio. Los franceses han recuperado textos, editado la obra sartreana, producido videos, y desarrollado numerosos actos en torno a la gran figura del existencialismo...

Una de las grandes figuras de la filosofía francesa contemporánea, Bernard-Henri Lévy, ha dado a conocer en Francia un ensayo llamado ?El siglo de Sartre?, para mostrar el carácter polémico, atractivo y contradictorio de este personaje, al que la Francia intelectual recuerda en estos momentos con signos de admiración, pero también con signos de interrogación...

Sartre está, pues, en la balanza. Se discuten su actitud ante el terrorismo, sus obras inconclusas, su manera de ver (o no ver) la cuestión Gulag, se discute el valor de ?La náusea? como obra literaria...

¿Y México? ¿Tuvo alguna relación Sartre con el ámbito cultural mexicano?

Sí. Entrego ahora una nota en torno a las relaciones que existieron entre el filósofo francés y el poeta mexicano Octavio Paz, ¿por qué? Porque nos hallamos en la coyuntura de las celebraciones sartreanas y, hasta donde sé, Paz fue el único intelectual mexicano que estableció trato personal con Sartre.

Paz escribió un artículo con motivo de la muerte de Jean Paul Sartre. Ese artículo se llama ?Memento: Jean-Paul Sartre? y forma parte del libro ?Hombres en su siglo y otros ensayos? (Seix Barral, 1984).

En esas líneas, Octavio Paz nos acerca a lo que, de alguna manera, trazó, en su caso particular, el desbarrancarse desde la fascinación hasta la decepción; su encuentro con la miseria (no física, sino en términos de moral intelectual) de Jean-Paul Sartre; su caída, pues, desde la admiración hasta la pena ajena.

El hecho es que, en el momento de apogeo de la obra de Jean-Paul Sartre, precisamente cuando sus reflexiones acerca de qué es la literatura eran muy tomadas en cuenta en Francia y fuera de Francia, Octavio Paz se hallaba en París y, con el pretexto de ayudar a un amigo, logró encontrarse en persona con Sartre.

Algo que por cierto le interesaba mucho a Paz, dado que sentía por Sartre una gran admiración... Paz y Sartre se vieron algo así como cuatro veces, en un bar de Pont-Royal.

¿De qué hablaron Paz y Sartre en esas reuniones?

Aunque Paz cometió un gravísimo error al no grabar o tomar apuntes de aquellas conversaciones, se sabe hoy por ?Hombres en su siglo? que ellos dos hablaron acerca del existencialismo como corriente filosófica; hablaron también de cómo es que la corriente del existencialismo se relacionaba con la política y la literatura; hablaron también sobre Jean Genet, ya que Sartre acababa de publicar un adelanto de libro con Genet como protagonista; y hablaron también sobre Mallarmé, Cervantes y Santa Teresa, temas que habían preocupado recientemente a Sartre. ¿Hablaron sobre México o sobre cultura o arte mexicano? En ningún momento, según lo señala Paz en el artículo citado.

Comentemos ahora, específicamente, el resultado de aquellas conversaciones.

El joven Octavio Paz había leído con entusiasmo los libros de Sartre. No sólo eso, los había devorado con verdadera pasión, y se había hecho de certezas y dudas con aquellas lecturas, de modo que estaba ansioso por hablar personalmente con Sartre.

Paz señala que tuvo, en sus lecturas de Sartre, un especial interés en las reflexiones sobre el hecho literario. Así, al momento de verse con Sartre, se encontró con una terrible decepción, que acabaría por transformarse en una ?resignada melancolía?.

Aunque, escribe Paz, Sartre se mostró animado, además de que mostró inteligencia, pasión y energía, aquellos diálogos no le dejaron a Paz más que un desengaño, ya que nuestro poeta y ensayista pudo darse cuenta ?de primera mano- de que Sartre no era tan brillante ni tan hábil como decía su prestigio internacional. No. Más bien Sartre le mostró en esos diálogos una terrible miopía ante las posibilidades de la tiranía y el totalitarismo, que avanzaban como una oscura amenaza por partida doble (tal y como lo analiza Tzvetan Todorov en su libro ?Memoria del mal, tentación del bien?, Península, 2002) sobre el paisaje europeo.

Además, el autor de ?Piedra de sol? y ?El laberinto de la soledad?, confirmaría que el pensamiento literario de Sartre era, a todas luces, una ruta sembrada de equívocos, o bien incertidumbres, ¿por qué? Porque, según lo cuenta Paz, Sartre tenía un defecto importante (importantísimo, básico) en sus métodos de trabajo. Sartre, así lo dice Paz: ?prefería las sombras a las realidades?.

¿Y en qué campo es que Sartre ?prefería las sombras a las realidades??

En el terreno del ensayo. Según lo indica Paz, aquellas conversaciones en el bar de Pont-Royal, le permitieron deducir que Sartre tenía la costumbre (imperdonable costumbre en el terreno del ejercicio intelectual) de referirse a obras que no había leído, como si las hubiera leído.

?Durante nuestra conversación hice un descubrimiento incómodo: Sartre no había leído a Santa Teresa. Hablaba de oídas. Más tarde, en unas declaraciones periodísticas, dijo que se había inspirado en una comedia de Cervantes, ?El rufián dichoso?, para escribir ?Le diable et le Bon Dieu?, aunque aclaró que no había leído la pieza sino sólo el argumento?.

Y aparte de referirse a Santa Teresa y a Cervantes sin tomarse la molestia de leerlos, Sartre prefería de Mallarmé un libro que Mallarmé jamás escribió, un libro que se quedó en proyecto y que ?trataba? acerca de la poesía absoluta... En fin, que el filósofo francés Jean Paul Sartre fue un chasco para nuestro Octavio Paz, fue una fuente de lo que suele llamarse ?pena ajena?, ya que Sartre ?así lo dice Paz- solía guiarse sólo por una ?lógica verbalista?, ignorando no sólo los detalles sino el mismo ?centro de sus preocupaciones?.

3. Sartre o el arte de la divergencia

Más allá de lo que hemos venido anotando, es preciso añadir que el trayecto de Sartre le generó una corriente de lectores considerable y un buen número de adeptos (no sólo en Europa) en el marco del pensamiento socialista de la segunda mitad del siglo XX. Además de ello, la obra de Simone de Beauvoir representó un punto de apoyo importante para la difusión de la imagen de Sartre como símbolo. Sartre y Beauvoir conformaron una especie de ícono del París de su tiempo, tan asociables a su cultura como la música de Django Reinhart, la obra de Picasso o la voz de Maurice Chevalier...

Pero, aunque en el trato con Beauvoir reinara una ?tensa calma? matizada de un cierto aire radical, en lo tocante a sus relaciones con el mundo cultural francés la polémica siempre estuvo presente en la vida de Sartre. Así, su desacuerdo con Camus se volvió legendario, dado que Sartre llevaba la peor parte, negando la existencia de los campos de concentración stalinistas. Su confrontación con Aron y su toma de distancia respecto a Maurice Merlau Ponty adquirirían también dimensiones importantes dentro de su trayecto filosófico y político.

Obras filosóficas

El ser y la nada (1943)
Crítica de la razón dialéctica (1960 - 1985

Novelas

La náusea (1938)
Los caminos de la libertad (1945-1949)
El muro

Obras de teatro

Huis clos (1944)
Las manos sucias (1948)
El diablo y el Señor (1951)

Otras obras

Palabras (1964, autobiografía de su juventud)
Situaciones (1947-1976, ensayos)
L'idiot de la famille, un estudio sobre Flaubert.
Las Moscas (1943, obra de teatro)

gva

 
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