"Karol, el ángel que Dios me envió"
Edith Tsirer tenía 13 años cuando conoció a Karol Wojtyla. Fue en 1945 en Polonia tras ser liberada de un campo de concentración naziEdith Tsirer que hoy usa el nombre Idit en hebreo tenía ocho años cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. Vivía en la localidad de Katowicz en Polonia, junto a sus padres y hermana menor. Su familia era feliz y numerosa, pero sólo ella y un primo sobrevivieron al exterminio nazi.
Desde su casa en la ciudad de Haifa, Idit cuenta a EL UNIVERSAL cómo el joven sacerdote Karol Wojtyla se convirtió en el ángel que le tendió la mano cuando, en enero de 1945, fue liberada por el Ejército soviético del campo de concentración en el que se encontraba recluida.
"Hasta ahora no sé cómo una niña de 13 años y medio decide sola emprender el camino. Quería regresar a mi ciudad natal, pero era difícil moverse. La temperatura era muy baja, muchos grados bajo cero. Había nieve", cuenta hoy que es madre de dos hijos y abuela de cinco nietos ya grandes.
Al salir del campo de concentración Idit llegó a una aldea en la que "se veía que la gente estaba bien, sin señal de haber pasado hambre". Ahí, la pequeña se sentó exhausta en un rincón. "no me podía mover. La gente me pisaba. Pesaba 29 kilos. Mi aspecto era horrible, pero nadie me preguntó si me podía ayudar", recuerda.
"De repente apareció una figura de un sacerdote católico, con una sotana marrón, apuesto. En ese entonces tenía 25 años. Me preguntó por qué estaba así sentada y dije que no podía pararme. Desapareció y me trajo un té con un plato. No sé si uno puede entender el significado. Durante años no había visto un vaso. Cada uno tenía una especie de vasija herrumbrosa encadenada a la mano y de ahí comíamos. ¡Y de repente él me trae un té en vaso con un platillo para apoyarlo!".
El joven Wojtyla desapareció para regresar con dos grandes rebanadas de pan con queso. "¿Te imaginas? Es como si hoy me trajeran un plato de oro con las tortas más sabrosas del mundo. Luego me dijo que a cuatro kilómetros de ahí saldría un tren hacia Cracovia y que allí yo podría quedarme en la casa de su tía. Extendió sus manos y me las dio para que me apoyara, pero yo me caí. Mis piernas no me sostenían".
Entonces el robusto sacerdote la llevó en andas. "Simplemente me cargó en sus espaldas. Me llevó cuatro o cinco kilómetros, cargándome en la nieve. La primera vez que paramos me preguntó sobre mi vida. Sin que yo le preguntase, él me contó que ya era huérfano, todos se le habían muerto de muerte natural. A los 25 años ya no tenía a nadie. Yo dije que esperaba ver a mis padres y él me alentó, me dijo que sin duda mis padres me estaban esperando. Entonces me dijo su nombre: Karol Wojtyla".
Por la mente de la pequeña Ida pasó la idea de que estaba con alguien excepcional, "con un ángel que Dios me había enviado. Vi la cruz que tenía colgada. No pensé que esa era una persona normal que carga una niña llena de piojos, sucia, rapada, de 29 kilos , fea, sin dejo de nada humano y la ayuda así. Mi aspecto era terrible. Fue un milagro. Era como si el cielo se hubiera abierto y Dios hubiera bajado hacia mí".
Despué los caminos de Ida se alejaron de Polonia y no supo que el cura que le tendió la mano llegó a ser cardenal y arzobispo de Cracovia. "Pero en 1978, cuando fue elegido Papa, leí la noticia en la revista Paris Match . Vi su foto, reconocí los datos biográficos y entendí".
Al leer la noticia, Idit se cayó de la silla y se desmayó. Al recobrar el conocimiento fue con una vecina y le dijo, "¿recuerdas mi historia del sacerdote que me salvó? Bueno, es él, le dije yo. Es el nuevo Papa".
Entusiasmada, Idit le escribió varias cartas al Pontífice sin obtener respuesta, hasta que le envió directamente una misiva certificada a su secretario personal, monseñor Stanislao Dziwisz, pidiendo que le entregara la carta al Papa. Entonces sí "recibí respuesta en polaco, del Papa, y luego una tarjeta de Navidad de su puño y letra. Tiempo después se concertó un encuentro con él y me invitaron al Vaticano".
El encuentro con quien fuera su salvador tuvo una carga emocional muy intensa. "El me tomó la mano con sus dos manos. Le dije que había venido especialmente de Israel para agradecerle por haberme salvado en 1945. Me dijo que hablara fuerte, que ya estaba anciano y no oía bien. Me bendijo y yo le dije lo que tenía que decirle. Estaba muy emocionada, temblando realmente. Mi esposo me sostuvo porque no podía mantenerme en pie".
Entonces ida pudo hacer algo que deseaba desde hacía tiempo: "verlo personalmente, tomar su mano y agradecerle, algo que me faltó toda mi vida".
En la visita del Papa a Israel en marzo de 2000, Idit fue una de los seis sobrevivientes del holocausto que recibieron a Juan Pablo II.
Como todas las Navidades, ésta última se volvieron a escribir. "Este año también me mandó una pequeña foto, una litografía de su colección privada. Me escribió en polaco, se notaba que le temblaba la mano. Cuando recibí eso y vi su letra, me dije que esa sería seguramente la última vez".


