NOCHIXTLÁN, Oax.? Con huellas de cansancio, ampo llas en los pies pero la mira puesta en la ciudad de México, la marcha del magisterio y de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) inició hoy su cuarto día de recorrido desde esta ciudad pa ra recorrer otros 47 kilómetros hasta el municipio de Yanhuitlán, que fuera asiento de un antiguo templo dominico.
Así, el contingente de casi 3 mil maestros y miembros de la APPO se adentró en la zona de la Mixte ca, una de las regiones más depau peradas del país.
La columna salió en punto de las 11:07 de la mañana del Palacio Municipal y avanzó por la calle de Porfirio Díaz, entre consignas y chiflidos en contra del presidente Fox, de Elba Esther Gordillo y del presidente electo Felipe Calderón.
Los dirigentes de la marcha decidieron abandonar la súper ca rretera y retomar el camino por la carretera federal.
Una muchedumbre despidió a los maestros entre muestras de adhesión. Por la mañana, perso nas del pueblo llegaron hasta el Palacio Municipal para dar a los marchistas comida, legumbres, naranjas y mucha agua.
A su paso, los maestros y miembros de la APPO pudieron ver pancartas de absoluto apoyo: ?Si Juárez viviera a Ulises escupie ra?; ?El camino es largo pero triunfaremos?; ?Ante la represión, la movilización?.
En el puente de Nochixtlán una imagen sobresalió de entre la valla de pobladores: ?Los niños honestos apoyamos a los maes tros?. Así, familias enteras salieron a despedir al contingente.
Al frente de la columna podía verse a Ethelvina Morales Félix, mujer de 61 años, una de las pocas que han atestiguado en toda su in tensidad las marchas del magiste rio de 1985, cuando buscaban des tituir a Carlos Jongitud Barrios y de 1997, cuando demandaban in cremento salarial.
La primera de esas marchas culminó al cuarto día, la segunda duró 16, pero ella recuerda con emoción esos días de lucha, y dice que llegará a la ciudad de México aunque sus pies ya lucen los estra gos de la caminata de cuatro días.
Enrique Canseco es uno de los participantes de la marcha. Él afirma con orgullo haber sido re portero de Plácido Domingo en Nueva York.
Hoy sus pies están hinchados y llenos de ampollas que, dice, ha reventado con una aguja para con tinuar el camino.