"Si se avanza sobre la avenida North River, al principio sólo se aprecian las enormes casas valuadas en más de 300 mil dólares. Estilo californiano. Tejados rojos, fachadas en colores del crema al naranja, y flores en las jardineras. Justo atrás de las residencias se extiende el campo agrícola, propiedad del japonés Víctor Sang.
"Para llegar a los campos del amor la referencia es el Super 7 y la gasolinera CIT 60 en North River, esquina con College Boulevard.
"A unos metros de la gasolinera, en contraacera de una iglesia bautista, está el señalamiento de un ducto de combustible en el que hay una toalla enredada, abajo está el campo y en él se abre una brecha.
"Es un área de carrizales espesos en la que uno no puede ver quién está al lado. Una vez adentro, a un kilómetro de la avenida, los carrizales se cierran y hay que pasar agachados.
"En la espesura se encuentran cerca de ocho cuevas hechas entre los carrizos, una contigua a la otra. Hay pedazos de bolsas de plástico amarradas a las cañas. Estas son usadas por las menores para tirar el papel de baño con el que se limpian después de cada relación y los condones de los clientes. Una vez que terminan las bolsas son arrancadas para no dejar evidencia.
"Dentro de las cuevas, en el suelo, hay envases vacíos de cerveza, cajas y botellas de licor, jirones de telas, restos de cobijas, plásticos en el suelo, gorras, camisetas... mudos testigos de las horas de horror.
"Todo esto mezclado con empaques de condones abiertos y decenas de preservativos utilizados que derraman en la tierra el semen contenido. El olor de almizcle lo inunda todo hasta revolver el estómago. Este es el infierno, el llano en llamas.
"Cuando vine aquí en una hora yo conté que una muchachita había atendido a 35 hombres, uno tras otro... sólo se levantan la falda... es sólo una masturbación vaginal", continúa Patricia. "Generalmente con quien hacen eso es con las muchachitas que ya no son vírgenes y que las traen seis meses de arriba para abajo en los campos.
"Las que yo vi esa vez eran muy jóvenes... no tenían más de 14 años... ya las habían vendido mucho a los gringos. "Esta zona esta llena de red neks (cuellos rojos, como llaman a los granjeros americanos), son gente blanca de ultraderecha a quienes les venden la virginidad de las niñas.
"Presencié muchas veces las llamadas que los gringos hacían al celular de Julio (Salazar) para que les llevaran a una niña cherry (virgen)."
Las muertas de Carlsbad
Es este, uno de los cinco puntos de San Diego donde los hermanos Salazar han extendido su red.
"Aquí fueron traídas Paola, Reyna, y decenas de niñas más. Todas ellas Cándidas Eréndiras, de Gabriel García Márquez, cuyos verdugos son impulsados por la codicia.
La edad de las niñas que se traen para explotarlas es cada vez más chica, de 10 a nueve años. Yo llegué a ver a una niña de siete años. ¿Qué hace una niña de siete años en un prostíbulo?, no era hija de nadie, la estaban usando", recuerda la doctora desesperada.
"Estamos hablando de personas indefensas, con una historia trágica detrás. Ellas viven en el síndrome del postrauma en el que otorgan todo el poder a quienes las victimizan."
La fuga de Julio Salazar
Justo aquí, en Los Carrizales, hace un año la banda de los Salazar estuvo a punto de ser detenida.
En diciembre del 2001, en una operación coordinada por el Servicio de Inmigración y Naturalización (SIN), más de 100 elementos de esa corporación, del Sheriff y el FBI hicieron una redada.
No se atrevieron a adentrarse en los carrizales por temor a una emboscada, y esperaron a que salieran.
Aprehendieron a más de 50 personas. Cinco menores que eran prostituidas en el lugar, clientes, y a Julio Salazar, líder de la banda, quien en medio de la confusión logró bajarse de una patrulla y escapó.
"En este negocio hay mucho dinero de por medio, son miles y miles de dólares. Yo he visto cómo se acuestan con ellas (las menores) los policías del SIN (patrulleros fronterizos) gratis, ese es el intercambio por protección, hasta entran a las casas de prostitución uniformados, ¡que me parta un rayo si estoy mintiendo!", sentencia la trabajadora social.
Las menores fueron detenidas en los retenes de la policía migratoria que las interrogaron sin el apoyo de psicólogos para hacer intervención de crisis. Lo que querían era una denuncia formal contra los Salazar para fincarles cargos pero ellas se negaron a denunciarlos. Fueron deportadas y todos los detenidos liberados.
"Luché mucho en el gobierno (de EU) y me dijeron que no hiciera nada, que yo había firmado un certificado de confidencialidad federal y que todo lo que a mí se me dice no lo puedo denunciar.
"Entendí que no puedo ponerme con Sanson a las patadas", termina Patricia.
"En un paraje similar a éste, en Carlsbad, en los últimos dos años han comenzado a aparecer cuerpos de menores mexicanas, con signos de tortura y abuso", señala Rick Castro, oficial del Sheriff del Condado.
Nadie sabe quiénes son. Ni reclaman sus cuerpos porque se presume que son indocumentadas y que podría tratarse de mujeres traficadas por los Salazar.
Castro afirma desconocer el caso de las muertas de Ciudad Juárez, pero por la descripción que hace de los cuerpos, pareciera un modus operandi similar.