Exhibe huracán la fragilidad de Cancún
CANCÚN, QR.- Cuando los desastres naturales rompen la epidermis, esa fina malla que envuelve a una sociedad y que de alguna forma la mantiene aislada de un entorno nacional e internacional, entonces un pueblo, una ciudad o un paÃs queda desnudo y se muestra tal cual es.
Es como si por primera vez alguien reventara un fruto desconocido y exhibiera a la humanidad de qué está hecho. Entonces, comienzan a fluir los rostros y las imágenes de desesperación y quedan al descubierto sus sistemas de asistencia social. Ahora que el huracán Wilma desvistió a Cancún, se puede mirar a su gente que camina largos trayectos en busca de agua potable. A cientos de ciudadanos que aglomerados en la presidencia municipal exigÃan comida, una despensa. A decenas que hacÃan filas en las tiendas que sobrevivieron a Wilma para comprar vÃveres. A mujeres que pedÃan aventón para asistir a un servicio de salud, y a personas que salieron a las calles a vender para hacer frente a la inexistencia de la asistencia social.
"Diez pesos amigo, no hay comida pero sà hay resina", dijo un hombre que la mañana de este martes vendió recuerdos en la avenida Tulum. Domingo sólo tenÃa en mente vender para comer.
Quizás esa es la forma de operar en los sistemas de asistencia del tercer mundo. Cuando en septiembre de este año el huracán Katrina devastó el sur de Loussiana, Mississippi, cientos de vehÃculos de asistencia recorrÃan las calles, ofrecÃan comida y bebida durante todo el dÃa. Regalaban juguetes a los niños. Las compañÃas de evaluación de riesgo levantaban un registro de las personas que habÃan perdido sus casas y pedÃan los documentos para iniciar la entrega de créditos.
Los habÃa devastado un huracán y como en cualquier parte del mundo nunca se está preparado para eso.
Cancún no fue la excepción. Wilma afectó 541 mil personas. dañó 85 por ciento del alumbrado público, por tanto no hubo gasolina, luz y tampoco hay bancos.
"Nosotros aquà es de lo único que vivimos y ahora no hay trabajo. A eso hay que echarle que no tenemos nada y no nos dan nada. Siempre que hay un huracán nos dicen que hay que esperar y esperar, pero ya cuántos dÃas pasaron. Tiene uno que comprar agua de la pipa. Nos estamos quedando sin nada y aquà la ayuda no ha venido ni una sola vez", dijo Luis Beltrán, un habitante de Puerto Juárez, la zona más dañada del norte de Cancún.
La presidenta del DIF local, Margarita Vázquez Mota, hermana de la secretaria de Desarrollo Social, Josefina Vázquez Mota, dijo que la gente quiere la asistencia el mismo dÃa. "Y no puede ser asÃ, nosotros le decimos en tres dÃas le damos comida y en los siguientes tres le damos apoyo para tu vivienda".
Contó que el problema principal en los sistemas de asistencia es que hasta que ocurre el huracán comienzan los apoyos, pero en Cancún se quedaron sin carreteras y sin vuelos, y asà no hay forma de ayudar.
Quizás como dice Luis Beltrán: "Ahora sà nos pegó a todos parejo, asà deben repartir".
Quizás pasarán dÃas y nada llegará. Las personas que perdieron sus casas jamás la recuperarán, pero pasará el tiempo y la epidermis que mostró la esencia de Cancún, se reconstruirá.


