Creel perdió hasta en casa
Con su ciego amor de madre, Dolores Miranda de Creel dice: "¿Pedirle a mi hijo que reconozca su derrota?". Y levanta su voz, furiosa, enfática: "¡Santiago no va a perder, él siempre ha sido un ganador!... ¡No va a perder, hizo una campaña fabulosa, increÃble!".
Son las seis y media de la tarde. La mamá de Santiago Creel llegó a la casa de campaña sin su esposo René, quien en la otra elección parcial dijo que Felipe Calderón tenÃa un mejor equipo. Ignora la apasionada señora que en esos mismos momentos, su vástago habla por teléfono a la sede nacional del PAN y anuncia que en unos minutos reconocerá su derrota.
En el cuartel general de Felipe Calderón la fiesta ha comenzado. Ya hay brindis, abrazos, porras. El triunfador recibirá en los minutos siguientes los telefonemas de quienes fueron sus contendientes.
Es la hora de las definiciones. Creel llegó vestido de negro a sus oficinas. Se encerró para hablar con sus colaboradores más cercanos. Escuchó las informaciones que le dieron. Datos contundentes. Perdió hasta en la casilla en la que le tocó votar. Quedó muy abajo en el Distrito Federal. En Jalisco no alcanzó ni 8 por ciento de los votos. Cambiaron impresiones, decidieron reconocer el triunfo de Calderón y hacerlo público antes de que se dieran los resultados oficiales.
Fue entonces que tomó el teléfono, hizo varias llamadas. "Pues vamos a bajar ya", dijo luego a Armando Salinas Torres.
Y allá está su mamá. Ella todavÃa cree en él. El precandidato intenta sonreÃr cuando escucha a quienes corean su nombre. El maquillaje le ha coloreado el rostro. Cuando hable lo hará con un tono tembloroso. Dirá entonces que los votos de la mayorÃa de los panistas decidieron que Felipe Calderón sea el candidato a la Presidencia de la República. Casi para terminar sacará fuerzas, exclamará que sigue en pie de lucha, que otorgará su apoyo para que su partido gane la Presidencia de la República.
Es el domingo de la tercera elección interna de Acción Nacional. La vencida. Cuando Creel fue a votar todavÃa hablaba de su posible victoria. En la sede nacional del PAN uno de los hombres cercanos a Manuel Espino presagiaba: "Hoy se acaba todo". Rodolfo Ocampo, aspirante a la alcaldÃa de Guadalajara, hablaba por teléfono a una paisana, le explicaba: "Alberto Cárdenas y yo somos del Atlas. Pues a los que le vamos a ese equipo no nos importa ganar el campeonato o perder con todos los demás, pero lo máximo es partirle su madre a las Chivas. Eso es lo que queremos, ganarle al gobernador Francisco RamÃrez Acuña. Ganarle a él, más que a Felipe".
Y fueron precisamente los resultados en Jalisco los primeros en llegar a las computadoras en la casa de campaña de Calderón. Y con tales cifras la evidencia del derrumbe de Creel, quien tenÃa poco más de 7 por ciento de los votos. Después conocerÃan de la amplia ventaja de su precandidato en el Distrito Federal. Ahà estaban ya Federico Döring, Germán MartÃnez Cázares, Juan Ignacio Zavala, Luisa MarÃa Calderón Hinojosa: "Soy hermana de Felipe", dijo cuando los guardias de seguridad no la dejaban entrar.
Y ahà va Dolores Miranda de Creel. No permitió que rodaran las lágrimas por su rostro, las contuvo en los ojos claros. Su hijo ya se marcha. La porra y los aplausos para el caÃdo duran 14 segundos.
En la casa de campaña de Calderón, éste proclama: "¡Ya ganamos!" y promete: "¡Y vamos a ganar la otra!". Se dirige al edificio principal del PAN. Ahà Manuel Espino intenta mostrar la mejor de sus sonrisas, y levanta la mano de aquel que gusta autodenominarse "el hijo desobediente" y exclama: "¡Ya es nuestro candidato!".
"¡Se ve, se siente, Felipe presidente!", estalla un coro en el auditorio. El triunfador se abraza con Margarita, su esposa. En algún otro lugar de la ciudad se apagaron ya las luces. El silencio es abrumador. AhÃ, horas antes, una mujer con su amor de madre habÃa dicho: "¡Mi hijo no va a perder!"...


