`Ataque` a una población desconcertada
CANCUN, Q.R. El huracán más violento en la historia de los caribeños decidió clavar su ojo devastador sobre Cancún.
La gente, entonces, comenzó a aceptar que era más feroz que Gilberto, el de 1998. Wilma entró y con su lento andar comenzó el ataque. Partió torres y postes. Los tiró. ParecÃan como un ejército abatido ante el paso de un destructor. Asesinó árboles de raÃz. Desmanteló y derrumbó hogares y comercios. Atemorizaba a más de 750 mil habitantes.
HabÃa aprovechado la noche del jueves y la madrugada del viernes para devastar con una lenta y agonizante embestida. RugÃa, soplaba vientos de más de 200 kilómetros por hora, golpeaba por todos lados. Aventaba ráfagas mojadas con ganas intensas de destrucción. Pero atacaban en la oscuridad...
07: 45 horas era la mañana de la devastación. Cancún agonizaba. Wilma lo manoteó como quiso. Las avenidas Andrés Quintana Roo, la Tulum, en varios tramos, estaban inundadas con ramas y cables colgantes. Los vehÃculos de rescate y sus sirenas se miraban por todas partes, pero no habÃa nada que hacer. La gente estaba en las calles. Se movÃa de un lado a otro. HabÃa confusión. Preguntaban "si ya se habÃa ido", "si ya habÃa pasado", "si eso era todo".
Los integrantes de Seguridad Pública no sabÃan precisar si estaba todavÃa el ojo del huracán. Se miraban bardas caÃdas, coches aplastados, casas destruidas. En la avenida Bonampak la hilera de torres de alta tensión, que nutren de electricidad a Cancún e Isla Mujeres, habÃa cedido. Las avenidas Cobah, Xcaret, Yaxchilán y Tulum mostraban sus heridas. Wilma las abatió.
Los habitantes y turistas seguÃan en las calles. Continuaba la confusión de si el destructor se habÃa ido o se habÃa quedado. El comandante de la zona hotelera, Rodolfo Balam, daba la primera información que se acercaba más a la realidad: el ojo de Wilma seguÃa sobre Cancún. Una mujer con la mitad del cuerpo inundado querÃa ser auxiliada. Wilma le aventaba la lluvia en la otra mitad del cuerpo. Mojaba, soplaba, hacÃa caminar de prisa. Un turista afuera de un albergue preguntaba: "¿Ya se acabó?" El de la verdulerÃa, que vendÃa y regalaba sus productos al por mayor, también preguntó si se esperaba lo fuerte.
Nadie podÃa responder. La antena de Radio Ayuntamiento, la única emisora que informaba, habÃa caÃdo, y los radios de baterÃas no tuvieron razón de ser. Los sistemas de comunicación funcionaron bien hasta antes de la visita del destructor. Ante eso, poco a poco, comenzaba la desesperación. La gente caminaba con bolsas de tortillas, con bolsas de refrescos, de agua, de comida enlatada. Buscaban tablas y palos para resistir al agresor. Pedro Sánchez, damnificado, dijo que escuchó en una estación cubana que Wilma salÃa pero que regresaba.
La desinformación crecÃa las ansias también. Las lloviznas y vientos sorpresivos hacÃan pensar a los lugareños que el ojo de Wilma seguÃa aquà en Cancún, pero aún asà seguÃan en las calles. Se miraban presurosos. Buscaban trasladarse a los refugios. Pero también se miraban a personas con bicicletas y motocicletas nuevas, con televisores, refrigeradores, estufas y lavadoras nuevas. SalÃan de la Plaza Comercial Las Américas II, salÃan de un Coppel, que tendrÃa que cambiar su lema al de "que fácil es estrenar con Wilma?. Se miraron también camionetas de Seguridad Pública que compartÃan el saqueo.
Por la tarde, el gobernador Félix González Canto informaba que el ojo de Wilma seguÃa en Cancún y que se desplazaba a tres kilómetros por hora. Los de Seguridad Pública por altavoz decÃan a la gente que se fueran a sus casas, que lo peor estaba por venir. Luego un elemento de Protección Civil dijo que los habitantes ya no hacÃan caso, que era necesario reparar la antena de Radio Ayuntamiento para informar. Pero Wilma ya habÃa devastado, seguÃa la incomunicación. No habÃa comida, ni gasolina, ni luz. MantenÃa a miles de personas en 131 albergues. TenÃa incomunicado a Cozumel e Islas Mujeres. En Cancún, durante la tarde y noche, seguÃa soplando. Algo alentador, el subdirector de Protección Civil, Amador Hernández, decÃa que el ojo estaba en el aeropuerto, hacia el sur. Los informes meteorológicos aseguraban que saldrÃa las primeras horas de este domingo. Ya con la guardia baja, como de alguien que fue enviado a una batalla, arrasó y destrozó y luego se alejó cansado.


