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México
Destructivo `apretón` de los brazos del huracán .

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Alejandro Suverza
El Universal
Sábado 22 de octubre de 2005

CANCÚN, QR. Radio Ayuntamiento, la única estación que transmitía, se despertaba esta mañana con la barra infantil. Alguien que decía ser Daniel el Travieso, simulaba la voz de niño: "Amiguito, ¿tienes miedo? No debes tenerlo, porque el huracán se va a ir. Habrá vientos y lluvia, pero no va a pasar nada, no te espantes".

Lanzaban canciones de Gabilondo Soler Cri-Cri. Afuera en la calle, las ráfagas de lluvia y viento auguraban que Wilma estaba cerca. Comenzaban a sentirse. Levantaba láminas, empujaba puertas como cuando alguien no es bienvenido y se le da con las puerta en la nariz y sigue necio en entrar.

Las cerraduras en las puertas y ventanas contenían los embates que provocaba, por su diámetro, uno de los más grandes en la historia de los huracanes: más de 700 kilómetros. Ya había acechado toda la noche. Soplaba, acercaba la lluvia intensa. Logró que apagaran la ciudad. Todo Cancún durmió a oscuras.

Daniel el Travieso recomendó a todos su amiguitos que le dijeran a sus papás que, de ser necesario, los llevaran a un refugio. La mayoría de los habitantes de las supermanzanas, como se nombran a muchas colonias de esta ciudad, sobre todo las que están pegadas al mar, se habían refugiado. La fuerza de Wilma se sentía mucho más que la de los últimos cinco huracanes.

"Este huracán, a diferencia de los otros, es atípico porque se la pasa dando vueltas. Emily se movía de un lado a otro, pero este a pura vuelta", dijo uno de los encargados del refugio que está en La Hacienda, Cancún. Afuera en las calles, se alcanzaba a ver el poder de los giros de Wilma que se mantenía a distancia. Había árboles tirados, postes y cables. Las calles ya no eran transitables y eso que estaba a 130 kilómetros de la isla de Cozumel. Dejó a Isla Mujeres sin energía eléctrica.

El gobernador, Félix González Canto, daba la ubicación del huracán Wilma con vientos de 240 kilómetros por hora. Cozumel era el punto que recibía los vientos fuertes. Decía que pasaría por la punta norte de la isla y luego aseguraba que el ojo del huracán vendría directo a Cancún.

El recorrido por la ciudad comenzaba. Los hermanos Fernando y Manuel Fuente, este último administrador de la funeraria municipal, mostraban la avenida Kabah, la Yaxchilán, la Tulum y la glorieta del Ceviche. Los árboles derribados estaban por todas partes. Los postes de luz y de semáforos habían sido arrancados como si fueran palmeras. Y aún Wilma no entraba, seguía con su calma, a 7 kilómetros por hora como cuando una persona camina sin prisa, y pronto pegaría en la punta norte de Cozumel. Los hermanos Fuente auxiliaban a la gente. Llevaban seis personas que las habían encontrado en las calles y no tenían cómo llegar a un refugio. Wilma con su caminar ya devastaba poco a poco a Cancún.

La entrada a la zona costera mostraba la fuerza de la que sería capaz Wilma. Se aseguraba que pegaría de lleno en Cancún por la noche. En el principal Boulevard Kukulkán, el de la zona hotelera, puso de rodillas al anuncio de la gasolinería que era de acero puro. Los brazos de Wilma provocaban vientos de categoría 3, según dijo Fernando Fuente.

En la lejanía Wilma controlaba vientos y lluvias. Doblegaba las palmeras. Tiraba árboles. El sentido contrario del bulevar, el que está del lado de la playa, era inaccesible. Estaba inundado por el mar Caribe. La laguna Nichupté, del lado opuesto del bulevar, tenía olas. La costera estaba vacía, sólo los tripulantes de los vehículos de emergencia, un chak mol, un atlante y una cabeza olmeca eran los únicos testigos.

Después en la zona hotelera ya no hubo paso, árboles y postes quedaron atravesados, el camino más adentro resultaría peligroso, consideraron los hermanos Fuente. Luego el camino fue rumbo a Puerto Juárez en el norte de la ciudad. En la colonia Donceles 28, el abarrotero José Luis Martín, dijo que ellos y dos familias más decidieron quedarse porque el drenaje funciona bien, que ese era el único peligro. Su suegra, Eva Cuervo, de 88 años, dijo: "De algo nos tenemos que morir, si vemos que el viento viene más fuerte, no encaramamos en la camioneta y nos vamos". Por supuesto que más tarde lo tendrían que hacer, pero ya no sería posible.

El recorrido continuaba por Puerto Juárez que está muy pegado al mar. El muelle de los camaroneros dejó de estar ahí, donde estaba. Fue imposible avanzar más. De regreso al centro de Cancún, el anuncio de Coppel estaba a punto de caer, no más le falta un vientecito. Una caseta de Mc Donald`s estaba de cabeza. Wilma y su fuerza poco a poco devastaban. Más de cien personas del hotel Caribe Intercontinental estaban sin agua y comida, decían que había muchos niños, que necesitaban ayuda.

Wilma seguía lento, a 7 kilómetros con su ojo de 55 kilómetros, pero aún no tocaba tierra en Cancún, ni siquiera en Cozumel.

Radio Ayuntamiento les ponía la canción de las vocales para que no se espantaran. Cuando se está encerrado, en espera de que algo fuerte ingrese, cualquier distracción ayuda, cualquier dedicatoria. Venía Tatiana, Cepillín, Topo Gigio, Las Ardillitas.

El meteoro llevaba vientos de más de 200 kilómetros. Ya nadie podía salir a las calles, decían las autoridades. Aceptaban que Wilma entraría directo, sólo manifestaban la esperanza que pasara rápido. Los informes dijeron que a las tres de mañana se sentiría lo más fuerte.

"A todos lo niños decía Radio Ayuntamiento: échenle ánimo a sus papás". Después un mensaje que convendría a la familia Martín, la de doña Eva. Que en media hora pasarían por su colonia porque se está inundando. Otro mensaje: estaban saqueando la tienda Oxxo.

Comenzaba a sentir los vientos más fuertes y Wilma continuaba con su categoría 4. El ojo del huracán impactaba Cozumel. El huracán seguía caminando a siete kilómetros por hora. Gilberto , el huracán más devastador, que se formó en 1988, se desplazó a 40 kilómetros por hora. Decía que en unas horas se sentirían los vientos huracanados sostenidos de más de 180 kilómetros por hora.

Juanito Farías y su "Viejo Caballo de Palo" entraba al quite para que Wilma no acaparara la atención de los niños. Después malas noticias para los Martí. Ya no irían por ellos, las condiciones del tiempo no lo permitieron.

El último reporte, decían que a las dos de la mañana de este sábado el meteoro entraría con toda su furia, según informes oficiales. Decían que entre uno y dos días nadie deberá salir.

Wilma ya no deja salir a nadie. Afuera en las calles soplaba, rompía lo irrompible. Más de noche insistía, quería entrar. Empujaba, golpeaba con furia. Estaba cada vez más cerca de entrar.

 
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