CANCUN, QR. A las tres de la tarde Cancún era ya un pueblo fantasma. Con puertas y ventanas tapiadas en casas, edificios y hoteles, se preparaban a enfrentar el horror. Ya 90 por ciento de la ciudad había quedado sin energía eléctrica. Árboles, postes y cables caían sobre las calles, y eran arrastrados por el viento. Los vidrios tronaban en todas partes. En las horas previas a la llegada de Wilma se habían desatado congestionamientos y compras de pánico.
Ahora las calles estaban vacías como si la ciudad ya estuviera muerta; como si a través del silencio Wilma anunciara su visita.
A esa hora las carreteras de la península habían sido abandonadas. Sólo las poblaban árboles doblados o partidos por el viento, y fuertes rachas de lluvia que anunciaban lo que estaba por desaparecer.
A las tres, el aire empezó a rugir. En cuestión de minutos la visibilidad se perdió. El agua invadió las zonas bajas de Cancún y alcanzó una altura de metro y medio.
Las estaciones de radio pedían a la gente quedarse en su casa. Los locutores repetían: "Esperamos lo peor".
El servicio de transporte había sido suspendido. Muchas personas reportaron que no podían volver a sus casas. Otras quedaron atrapadas en autos descompuestos o en umbrales de sitios abandonados. Era imposible atravesar a pie las calles. Policías y bomberos patrullaban la ciudad rescatando gente que había quedado varada.
Las cortinas metálicas de algunos comercios empezaron a volar. Las paredes de vidrio de una sucursal bancaria estallaron en pedazos. "Abracen a sus familias", recomendaba una locutora.
En la colonia Donceles, a medio kilómetro del Caribe, el agua comenzó a penetrar en las casas. La histeria se desató.
"Gracias a Dios pasó un vehículo de la Armada y nos rescató. Si no nos hubiera visto, no lo estaríamos contando. Allá no va a quedar nada", relató Joel Gonzaga, estudiante de preparatoria que, con 25 vecinos, fue trasladado al palacio municipal.
"Si esto es la cabeza del huracán, no quiero saber como será el ojo", dijo el vecino Jorge Sosa. "Quedó mucha gente ahí, quién sabe si saldrán con vida", agregó.
A las 7 de la noche, Wilma había tomado plena posesión de Cancún: volaban láminas, estructuras metálicas y algunos espectaculares. Las copas de los árboles, literalmente, tocaban el suelo.
"Yo he vivido cinco huracanes y éste es el peor. Peor que Janet , peor que Gilberto . Ni el más experto le entiende, porque es un huracán errático", dijo Abraham Cuevas, de Participación Ciudadana.
Falta lo peor, pero Cancún ya está devastado.