Los nuevos comuneros
Arcata, California- Dicen que las mejores cosas de la vida son gratuitas, pero para una creciente mayorÃa de los habitantes del mundo se hallan cada vez más fuera de su alcance. El agua que bebemos, el aire que respiramos, los lugares donde nos encontramos, las ideas y las cosas que creamos conjuntamente e incluso nuestros genes están siendo reclamados, contaminados y modificados por la maquinaria legal y financiera de un mercado que se ha vuelto loco.
Pero ahora está surgiendo un original movimiento que busca restablecer un equilibrio entre los sectores público y privado mediante la reafirmación de la importancia suprema de un tercer sector del cual dependen vitalmente ambos: los antiguos y venerables "bienes comunes", es decir todas las cosas que constituyen el patrimonio de la humanidad entera.
Las raÃces de los bienes comunes en la tradición occidental pueden ser rastreadas en el derecho romano, que distinguÃa tres tipos de propiedad: privada, edificios públicos y res communes (dones naturales usados por y pertenecientes a todos).
Esta "riqueza común" siguió siendo un recurso compartido durante cientos de años hasta que en el siglo XIX intereses privados comenzaron a poner cercos a su alrededor para usarla en exclusividad.
Pero los "comuneros" no se conforman con librar una lucha de retaguardia para salvar los restos dispersos de nuestra herencia común y están comenzando a crear un cuerpo de "leyes sobre los bienes comunes" para proteger su propiedad universal.
¿Qué son, entonces, esos "bienes comunes"? "Son el vasto dominio constituido por la herencia compartida de todos y que usamos habitualmente sin precios", escribe Jonathan Rowe, un destacado teórico sobre el tema.
"Son la atmósfera y los océanos, los lenguajes y las culturas, los tesoros del conocimiento y de la sabidurÃa humanas, los sistemas informales de apoyo de la comunidad, la paz y la tranquilidad que reclamamos y los bloques de construcción genética de la vida", agrega Rowe.
EspecÃficamente, son la fuente de todos los recursos naturales, desde el manto fértil de la tierra hasta el espacio profundo; nuestras artes, ciencias, costumbres y leyes; nuestros medios de comunicación desde las lenguas hasta Internet; nuestras comunidades, vecindarios y parques.
El padre de Bill Gates, copresidente de la mayor fundación del mundo, afirma que los individuos de gran riqueza y poder deben su éxito en gran medida a los bienes comunes de una civilización --sus sistemas educativos, legales y de salud, su ciencia y su cultura-- y a los esfuerzos de miles de individuos que generaciones precedentes crearon los conocimientos básicos sobre los que se cimientan tales logros. A fin de que otros disfruten de las mismas oportunidades, dice Gates padre, los ricos deben reinvertir en los bienes comunes de su sociedad.
Uno de los medios tangibles para recuperar y reponer los bienes comunes serÃa el cobro a las entidades privadas o estatales por los costos reales de los servicios que utilizan. Por ejemplo, se incluirÃa el pago por la contaminación que producen o por el uso de tierras públicas para pastoreo o minerÃa.
El monto de esos pagos de derechos podrÃa emplearse para mantener en buenas condiciones bienes comunes que han sido fuertemente dañados por el exceso de uso y la falta de inversiones.
En una época en que la polÃtica está paralizada por falsas polaridades, la idea de los comuneros puede ser atractiva para los conservadores tradicionales y también para los verdaderos progresistas. Se trata de un concepto comunitario pero también descentralizador que opera como un contrapeso tanto para los gobiernos despóticos como para las corporaciones empresariales que se extralimitan en sus actividades.
* El autor es columnista estadounidense, dirige el premiado programa radial A World of Possibilities.


