El papa Benedicto XVI ha comenzado a mostrar sus cartas y ha enseñado que está bien informado de lo que sucede en México, por lo que es evidente que los destinatarios de su reciente mensaje, en el que expresa su preocupación por el aumento de la corrupción y narcotráfico, "somos todos los católicos: obispos, políticos, empresarios o padres de familia", consideró el obispo de Saltillo, Raúl Vera. "Él sabe por qué México está donde está, y la Iglesia tiene una grave responsabilidad en ello y no lo podemos ocultar", sostuvo el religioso originario de Guanajuato.
"Nos ha puesto contra la pared y nos ha dicho que nos pongamos a trabajar. Y como profundo conocedor de la cultura del hombre contemporáneo, nos ha tocado el corazón para que dialoguemos con el ser humano y nos ha exigido un cambio de actitud y mentalidad", expuso el obispo Vera en un análisis sobre los señalamientos.
El jueves pasado en un mensaje dirigido a obispos mexicanos en el marco de la visita Ad Limina que realizan éstos a Roma, Benedicto XVI expresó: "Sigue siendo motivo de gran preocupación que en algunos ambientes, por el afán de poder, se hayan deteriorado las sanas formas de convivencia y la gestión de la cosa pública, y se hayan incrementado además los fenómenos de la corrupción, impunidad, infiltración del narcotráfico y del crimen organizado".
El Papa también advirtió que los valores de los mexicanos se están poniendo en riesgo con la migración al extranjero, particularmente a EU, donde muchos paisanos trabajan en condiciones precarias y en la indefensión.
Sobre esto, Raúl Vera, quien se encuentra en su último día en Roma, respondió vía internet a una solicitud de entrevista, que la inquietud de Benedicto XVI es "porque los católicos estamos cometiendo uno de los errores más graves de nuestro tiempo: una separación entre la fe que profesamos y nuestra vida cotidiana".
Raúl Vera, ingeniero químico egresado de la UNAM en 1968, fue nombrado coadjutor del obispo Samuel Ruiz García el 4 de octubre de 1995 por el papa Juan Pablo II, quien lo trasladó en noviembre de ese mismo año a Saltillo.
En su análisis, el obispo mexicano apunta que el Papa se une a la denuncia que su predecesor Juan Pablo II hizo en la "Exhortación Apostólica Ecclesia in America", cuando llama a estos males "pecados sociales".
"Se trata no solamente de defectos que surgen por aquí y por allá, sino de verdaderas estructuras de pecado, que son efecto de una suma de pecados personales de varios individuos", añade el obispo nacido en 21 de junio de 1945 en Acámbaro, Guanajuato.
Estos pecados obedecen a un plan y una organización entre personas, que en su afán de poder pervierten todo tipo de instancias públicas y privadas, y las convierten en generadores de todo tipo de violencia y de muchas formas de desprecio al valor inviolable de la vida, sostuvo.
Resaltó que el Pontífice reconoce que en México hay muchos pobres, a los que los ministros de culto y la sociedad en general deben apreciar, valorando toda la riqueza que se encuentra en ellos. Es decir, expuso, su religiosidad profunda y sus expresiones ricas en humanidad y solidaridad.
El Sumo Pontífice, agregó el obispo de Saltillo, también sabe que los pobres de México están emigrando a los Estados Unidos y muchos llegan a trabajar ahí, en condiciones precarias y en un estado de indefensión.
El Papa invita a los obispos a enfrentar el fenómeno migratorio, asumiéndolo como una prioridad pastoral, desde la unidad de la fe y la comunión fraterna y solidaria, lo cual debe existir entre las iglesias de México y EU, señaló Vera.