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Viven hispanos vulnerables y temerosos

Miércoles 07 de septiembre de 2005 Ian Urbina/The New York Times | El Universal

Biloxi, Mississippi.- Al igual que muchas otras personas aquí, Pedro, arquitecto del paisaje originario de Chiapas, está tratando desesperadamente de salir de Biloxi. Quiere llevar a su esposa, que tiene ocho meses de embarazo, a algún sitio más limpio y seguro, donde sea.

Pero además de que su auto, igual que los de muchos otros, tiene poca gasolina, a Pedro que prefirió no revelar su apellido porque es indocumentado le preocupa viajar en una ciudad llena de policías y soldados de la Guardia Nacional.

Bran Dize, cocinero originario de Jamaica, teme que el huracán Katrina lo haya convertido de pronto en un inmigrante ilegal porque, dice, su visa de trabajador huésped lo obligaba a trabajar en un casino el Beau Rivage que ya no existe.

El huracán ha dejado a sus víctimas vulnerables y temerosas, pero para muchos residentes que no tienen la ciudadanía y están atrapados aquí, la situación es peor, porque les preocupa que el tratar de huir ponga en peligro su estatus legal.

Otro temor se relaciona con aquellos que quizá no sobrevivieron a la tormenta. El gobierno mexicano, por ejemplo, ha abierto dos consulados en las zonas afectadas uno en Mobile, Alabama, y el otro en Baton Rouge, Louisiana para buscar a los decenas de miles de ciudadanos reportados como desaparecidos. Autoridades en México estimaron que unos 145 mil mexicanos vivían en el área. Sin embargo, ubicar a los refugiados no es tarea sencilla, sobre todo en el caso de los indocumentados.

El mexicano Juan Zamora ha pasado cinco días en un refugio para damnificados en una pequeña iglesia, y no ha entrado en contacto con las autoridades consulares de su país, ni ellas han llegado.

Sólo se ha comunicado con su familia en México desde que dejó su vivienda en Nueva Orleáns, y por su condición de indocumentado tal vez ni siquiera aparece en los registros de los casi 40 mil mexicanos que viven en Louisiana, de los cuales más de 10 mil radicaban en Nueva Orleáns.

Para las autoridades consulares de los países de América Latina, la búsqueda e identificación de sus ciudadanos se ha complicado, debido a que se encuentran dispersos en refugios que ni siquiera han identificado, y a que muchos son indocumentados que no desean ser ubicados por temor a ser deportados.

La Cruz Roja estadounidense reportó el lunes que en 16 estados había 487 refugios y centros de atención para más de 142 mil damnificados por Katrina , pero esas cifras no incluyen pequeños refugios que permanecen en Nueva Orleáns, o algunos establecidos en hoteles o iglesias a lo largo del sur del país.

José, también proveniente de Chiapas e indocumentado, dijo que las únicas personas que conoce, fuera de Biloxi, vivían en Denver. Pero además de que sólo le quedan 20 dólares, no está seguro de poder llegar hasta allá sin ser atrapado por las autoridades migratorias. "Si logro salir de aquí, lo haré. Es lo único que sé".

No todos los que se quedaron a enfrentar el huracán son indocumentados, ni tomaron esa decisión por miedo.

Algunos hispanos optaron por permanecer en su casa por exceso de confianza, pensando que, en el último año, ninguno de los huracanes los afectó, y decidieron tentar al destino, aunque la historia fue distinta.

La nicaragüense Clara Cambalán y el mexicano Estanislao Fernández fueron de los más afortunados, pero ambos coinciden en que, de haber sabido la intensidad de Katrina , no hubieran permanecido en el departamento que comparten en Kenner, uno de los suburbios de Nueva Orleáns con la mayor concentración de hispanos. "Por cabezas duras muchos nos quedamos", dice Cambalán, de 50 años.

(Con información de agencias)



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