Prostitutas migrantes podría sonar crudo. La realidad es que la migración sexual existe. Se puede encontrar con una copa en un bar. Deslizándose al ritmo de la música en un table dance o un after hours . Ver su rostro y admirar su figura en un portal de internet. O escuchar su voz en la línea telefónica. En cualquier estado de la República Mexicana siempre hay alguien que sabe dónde hay extranjeras que ofrecen servicios sexuales. Argentinas, brasileñas, checas, rusas, búlgaras, dominicanas, venezolanas. Miles de ciudadanos saben cómo encontrarlas. Las autoridades en cambio mantienen la venda muy apretada.
El argumento más común es que están aquí por ser víctimas del tráfico o la "trata" de mujeres. El más atrevido, es que vinieron a México porque resultó más atractivo para cumplir sus ambiciones.
Las únicas que pueden situarse en esa línea, entre la victimización y la conveniencia, son ellas. Las que se aceptan como prostitutas migrantes y desde esa posición pueden decir que están aquí porque les va mejor que en sus países.
?Aquí es más fácil?
Faustina llegó por invitación de una amiga que le habló por teléfono a una provincia de Argentina. Le dijo que en México se ganaba bien y si le agradaba la idea, su "representante" pagaría el boleto de avión. El día de su llegada fueron por ella al aeropuerto, la llevaron a una casa, le prestaron ropa y zapatillas (que después le cobraron) y comenzó a trabajar. Emiliana dice que prefiere no contar cómo llegó, pero asegura que nadie la obligó: "Uno sabe cómo está la movidita acá".
Ambas aceptan la clandestinidad por su situación migratoria. No salen mucho a la calle. Viven en una casa o en el cuarto de un hotel rentado por el "representante" o por el bar en que les toca trabajar. Una mujer o un gay , a la que todas le llama Mami , les lava la ropa, les hace de comer, el aseo y los mandados. Prohibido decir en qué calle viven, prohibido llevar hombres, hacer fiestas o pelearse entre ellas. La que no cumpla se va. Una vez al día las visita un elemento de "seguridad" o un mesero para vigilar o para ver si se les ofrece algo.
Cuentan con taxistas particulares que las llevan a cualquier lugar que quieran ir y también les hace depósitos en el banco. "A veces no queremos salir porque estamos desveladas o muy cansadas". En cada casa por lo menos siempre hay diez chicas. En promedio cobran 2 mil 500 pesos por relación sexual de una hora.
Emiliana dice que la mayoría son madres solteras y tienen que enviar dinero a sus familiares. Y que muchas juegan con la idea de ahorrar para comprar una casa.
Faustina dice que escogieron México para trabajar porque aquí es más fácil, hay mejores sueldos en los bares. Y porque es un país más corrupto, en el que se arregla todo con dinero y siempre que va a realizarse algún operativo de migración, "alguien" les avisa a los dueños de los bares.
La especialista española Laura María Agustín, autora del texto Trabajar en la industria del sexo , tiene un enfoque interesante, pues aunque desde hace 20 años investigadores y ONG trabajan con prostitutas migrantes la publicación de sus conclusiones se mantiene fuera de las revistas y la prensa.
Dice que la estigmatización opera de múltiples maneras, como la de silenciar los resultados que no encajen en los discursos hegemónicos de funcionarios gubernamentales y de las propias organizaciones que defienden los derechos de las mujeres. Explica que como el hombre, las mujeres emigran para progresar mediante el trabajo, pero está tan arraigada la idea de la mujer como parte esencial de la casa que "así comienza la patética imagen de las mujeres inocentes arrancadas de sus casas, coaccionadas a emigrar y hasta secuestradas o vendidas como esclavas.
Estas imágenes hoy en día siguen a quienes viajan a lugares donde los únicos trabajos remunerados disponibles se encuentran en el servicio doméstico, del cuidado y en la industria del sexo".
El discurso de la "trata" o el "tráfico" de mujeres supone que para ellas es mejor quedarse en casa que abandonarla y meterse en "problemas". La especialista que basó su investigación en migrantes trabajadoras domésticas y sexuales de América Latina, el Caribe, Europa del Este, Asia y África asegura que las migraciones que pueden haberse iniciado como un desplazamiento (de haber sido echadas o no tener opciones razonables) no están destinadas a ser siempre experiencias tristes: "Aun las más pobres y parcialmente `vendidas` o `engañadas` buscan y encuentran lugares para desarrollarse: se escapan, cambian de trabajo, aprenden a utilizar a sus amigos, clientes, patrones y delincuentes". Es decir, hacen lo mismo que otros migrantes y, salvo el peor de los casos, logran crearse condiciones más satisfactorias. Finalmente considera que quienes escriben sobre las migraciones y las diásporas mantienen un silencio absoluto respecto a las prostitutas migrantes, aunque podrían ser estudiadas como cruzafronteras audaces que llegan típicamente con poca información, equipaje o conocimiento del idioma local.
De acuerdo con información del Instituto Nacional de Migración en 2004, entraron legalmente al país 18 mil 510 argentinas. Y de enero a junio de este año, 17 mil 785. El año pasado llegaron 8 mil 766 brasileñas y en el primer semestre de 2005, 11 mil 984. Se pidieron cifras de las extranjeras expulsadas a Control y Verificación Migratorio pero no hubo respuesta porque "se cayó el sistema". Ninguna autoridad cuenta con datos exactos del número de mujeres de otras naciones que ofrecen servicios sexuales. Las organizaciones civiles calculan que hay más de 26 mil, tan sólo en el DF.
Para muestra un botón: entre marzo y mayo, en dos operativos realizados en Cancún fueron detenidas 43 extranjeras, entre argentinas, brasileñas, checas, húngaras, rusas y búlgaras que trabajan en distintos bares de la zona turística. Las autoridades mexicanas como la Policía Federal Preventiva no da seguimiento a los casos porque todo aterriza en el plano de si son ilegales o no y eso corresponde a Migración. En México no existe un tipo penal específico que castigue la "trata" de personas.
Emiliana y Faustina aseguran que sus "representantes" se encargan de anunciarlas en internet. Si trabajan en un bar, cobran mil 500 pesos como salario. Los bailes privados (200 pesos) van a 50 por ciento ; las copas (entre 80 y 100 pesos) a 50 por ciento . A la semana lo mínimo que se ganan son 6 mil pesos.
El cliente que quiere tener una relación sexual, además del hotel tiene que pagar la salida del bar, que cuesta mil pesos. Trabajan en toda la República en grupos de entre 7 y 10. Dicen que su "representante" por lo menos maneja entre 150 y 200 compañeras. Y que cuando llegan a una plaza (un estado del país) se encuentran con la competencia de otras "chicas".
Cuentan que en ocasiones los dueños de los bares no quieren tener problemas con Migración y las mantienen encerradas en casas donde les venden todo: artículos de limpieza, ropa para bailar y comida. Si les pagan el boleto de avión, se comprometen a trabajar por un mes. Cobran 2 mil pesos por ser acompañantes una hora o por salir a bailar también en viajes de fin de semana por no menos de 15 mil pesos.
Pero no todo es vida y dulzura. Recientemente tres brasileñas denunciaron la retención a la fuerza de sus amigas en una agencia de modelos de Tonalá 264, colonia Roma. Dijeron que fueron engañadas y que las habían ingresado al país con papeles falsos como estudiantes de intercambio cultural con la UNAM.