Vivir en Metlatónoc, Guerrero, es como si se tratara del inicio del mundo: las familias viven de tortillas con chile; agua contaminada que ha llevado a la muerte a un incontable número de niños por infecciones estomacales, dice Petra Martínez. Faltan médicos y caminos que animen a los maestros a quedarse más de tres días en la zona. Ese es el tiempo máximo que los mentores soportan "en el metatito", significado de Metlatónoc en náhuatl.
Para estas fechas, es común ver casas de lámina y de cartón abandonadas. Sus integrantes, familias de cinco o seis miembros, emigraron al norte del país para emplearse como jornaleros agrícolas y, si acaso, regresarán hasta octubre próximo.
Este es el testimonio de Petra consejera indígena del presidente Vicente Fox quien, vía telefónica desde Ometepec, Guerrero, lamenta no haber sido invitada a la presentación del reciente informe sobre desarrollo humano que el primer mandatario encabezó este martes con autoridades de su gabinete y de las Naciones Unidas.
Ella estuvo el fin de semana en la ciudad de México, en una reunión de consejeros, y no se enteró del acto de este miércoles; pero hubiese querido que el presidente Fox y sus colaboradores supieran lo que se siente vivir en el último municipio de la República mexicana, con sus caminos de tierra desaparecidos, sin líneas telefónicas, ni escuelas, ni empleos, ni mucho menos vehículos último modelo para que las familias enteras salgan a disfrutar de un paseo por el campo.
Casi todos hablan mixteco o tlapaneco; se transportan en camionetas que dan servicio a distintas comunidades siempre y cuando haya acceso. Ahorita, la única opción son los pies porque los vehículos no pasan. Los cerros se reblandecieron y el lodo cubrió los caminos de tierra abiertos por los propios pobladores para salir al municipio más cercano: Tlapa de Comonfort, a unos 100 kilómetros de distancia.
Petra dice que Metlatónoc es tan pobre, que ni las autoridades que lo gobiernan (del Partido de la Revolución Democrática) viven ahí. Prefieren, dice, irse a otro lado.
Afirma que cuando el personal del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática va a su municipio a realizar los conteos de población, prefiere regresarse en cuanto ve que sus vehículos no pueden avanzar.
Igual desánimo se da con los profesores, los médicos, el personal del programa Oportunidades y los representantes de los centros de abasto de Diconsa, empresa de la Secretaría de Desarrollo Social, responsable de abastecer de alimentos y productos básicos a los pobres.
Petra piensa invitar a la encargada de la Oficina para los Pueblos Indígenas, Xóchitl Gálvez, a la secretaria de Desarrollo Social, Josefina Vázquez, y al coordinador nacional del programa antipobreza Oportunidades, Rogelio Gómez Hermosillo, para que conozcan su comunidad de la montaña y vean cuál es la realidad de los que aquí viven y que han sido equiparados con habitantes del sudeste de África.
Gálvez Ruiz, por su parte, considera que sacar de la miseria a Metlatónoc implicaría una inversión mínima de 700 millones de pesos para caminos, escuelas, un hospital y una red de energía eléctrica.
La inversión que actualmente se hace, sostiene, es la carretera Tlapa-Metlatónoc que costará unos 300 millones de pesos y que ayudará a comunicar a esta gente con el exterior, les permitirá reducir costos de sus alimentos y podrán salir a vender su producción de hortalizas (los que tienen). Dicha carretera estará lista el año próximo.
Petra afirma que en estos momentos la mayoría de su gente está trabajando jornales de 10 a 11 horas en los campos de Sinaloa y Baja California para ganar unos 90 pesos diarios que ahorrarán y les permitirán subsistir en el medio año que se quedan desempleados en Metlatónoc.
Dice que esas ausencias ya han costado a los hijos, la pérdida de 300 pesos mensuales que el gobierno federal les da a través del programa Oportunidades pero no son suficientes para resolver sus problemas de miseria.