Tres horas de desahogo plural
Igual eran familias con mascota, motociclstas, indígenas e invidentes, personas con discapacidad, estudiantes o grupos de ancianas. Desde su salida en el Museo de Antropología cientos de miles de personas nutrieron una marcha donde lo que menos hubo fue silencio, aunque la intención era protestar de esa manera.
Fueron casi tres horas de tapabocas, moños tricolores, títeres de cartón, máscaras de Salinas, Fox y Marta Sahagún, pancartas, mantas, pintas en el rostro, cartulinas con estampas y letras de colores con siglas de todo tipo y en alusión a cualquier organización que vestían la marcha: UACM, FPFV, IPN, UPCM,U ACH, SUTIN...
Todo para manifestar el rechazo al desafuero y de igual manera refrendar el apoyo a Andrés Manuel López Obrador, jefe de Gobierno de la ciudad.
Vanguardia no hubo. Cientos de autobuses, microbuses, camionetas y autos desalojaron su pasaje en calles aledañas, glorietas y puntos de encuentro diversos a lo largo de Reforma. Cada grupo, cada contingente, comenzó su marcha de manera independiente.
Las protestas fueron multilingües, en español, francés o alemán. También las hubo del tipo de "ya basta"; pero la ira de la gente plasmada en papel se leyó así: "¡Qué poca....!, ¡son ...gaderas!" "...utos"... y hasta "¡Goverment shit", pasando por el "ratas, tramposos, ...leros".
Casi una hora después del comienzo de la caminata, los manifestantes apenas habían avanzado unos 500 metros. En algunas partes apretujados, en otras con holgura. Juntos todos, vendedores de Plaza Meave con los de Cuautitlán, los de Puebla con los de Iztapalapa, los ancianos con los de Texcoco.
Lo que sería la vanguardia, integrada por políticos perredistas como Cuauhtémoc Cárdenas, Alejandro Encinas, Martí Batres, Amalia García, Zeferino Torreblanca y otros, quedó en medio del mar de gente.
De López Obrador todo se decía. La gente preguntaba por él, pero muchos no lo vieron pasar. La marcha comenzó sin su presencia. Después se integraría en la glorieta del Ángel.
A unos 50 metros los trabajadores de los medios de comunicación caminaban encerrados, nadie se podía acercar a la vanguardia, tres vallas lo impedían. Siempre fueron oliendo el humo de las camionetas que transportaron a los fotógrafos.
Blanca, María del Carmen, Obdulia, Yolanda y Beatriz, entre otras, enfundadas en su traje azul marino y con tolete en la cintura, fueron las mujeres policías que tenían a su cargo que nadie se acercara al grupo que encabezaría el contingente. Hubo jaloneos, pellizcos y empujones, pero sin llegar a convertirse en peleas.
"¡Cuéntenos bien!", exigían los manifestantes al paso de los medios.
Ya en el zócalo capitalino, la gente gritaba insistente a López Obrador: "¡No estás solo! ¡Sí se puede!", y hasta el anónimo que, sobre su paraguas, mostró su cartel: "Sr. López, el Sr. Ortiz te apoya". Fueron casi tres horas de desahogo, tres horas de gritos y de protesta por un proceso electoral que aún tardará más de un año en celebrarse.


