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Poesía contra la tensión

Viernes 22 de abril de 2005 Fidel Samaniego | El Universal

Entonces llegaron los poetas. Y cuando estuvieron ahí, desaparecieron los policías que se habían apostado alertas con sus escudos y sus cascos. Y por varios minutos se alejó la tensión que habita permanentemente en el Palacio Legislativo.

Mujeres y hombres de los que rinden culto a la palabra. Ellas y ellos con los moños tricolores que identifican su lucha, su militancia o su simpatía. Ellas y ellos, y su poesía, o las de otros.

Así, el apoyo para Andrés Manuel López Obrador, leyeron y declamaron, y llevaron hasta San Lázaro de forma más o menos ingeniosa, hechos y situaciones que quisieron comparar con la circunstancia del político tabasqueño.

Cuando llegaron, ya se había iniciado la sesión de los diputados. En el salón había curiosidad por lo que ocurriría. Creían varios legisladores del PRI y del PAN que la lectura de poemas sería ahí mismo.

Temprano, a puerta cerrada, los integrantes de la fracción panista habían discutido a puerta cerrada sobre la acción de sus compañeros asambleístas Gabriela Cuevas y Jorge Lara, quienes el miércoles pagaron una fianza para que López Obrador no fuera encarcelado.

Hubo una coincidencia: debe operarse políticamente, y sin caer en provocaciones hacer frente a las tácticas de Andrés Manuel López Obrador y sus seguidores. Sin embargo, se manifestaron críticas a la forma en que se operó lo de la fianza. Quienes estaban en esa línea, dijeron que no fue el momento o que no debieron ser los legisladores locales los que realizaran el pago.

Una historia que voces de Acción Nacional narraban: Diego Fernández de Cevallos fue el inspirador. Buscaron que hicieran el depósito de los dos mil pesos ciudadanos comunes y corrientes. También calcularon la posibilidad de que el diputado Federico Döring fuese el que acudiera a realizar el pago de la caución. En todo caso, decidieron, en adelante expresarán a la opinión pública que no se oponen a que López Obrador participe en las elecciones presidenciales, pero exigirán que primero cumpla con la ley.

La sesión continuaría. Y en la explanada se seguiría escuchando la obra de los poetas. Lo mismo el "no pasarán" expresado por un ademán o un puño insobornable según lo escribió Octavio Paz, que "usted ya no es humano, usted es el enemigo" de El Gran Inquisidor , de José Emilio Pacheco. Salvador Martínez Della Roca, El Pino recitaba aquello de: "Vamos mi patria a caminar, yo te acompaño". El que fuera preso político tras el movimiento del 68 recordaría una pinta en un muro de la ciudad universitaria: "¡ay Pepe, como me acuerdo de ti en estas revueltas!".

Ahí estaba Laura Esquivel, que leyó algo de Oscar Wilde. Y Selma Beraud, que recreó un pasaje de Alicia en el País de las Maravillas con el Rey Torpe, Tonto, y la reina Mandona, la que ordena. Fabrizio Mejía dio lectura a la carta que escribiera desde la cárcel en Kansas Ricardo Flores Magón.

Poco después de las dos de la tarde, en el salón se debatía el dictamen de la Cuenta Pública del 2001. Otro pasaje de la lucha política. La atención iba hacia ese evento.

Entonces, bajo el sol, los poetas se quedaron solos...



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