Duelo de agravios
rde aún el ambiente en el salón. Huele a encono. Encendidos siguen los ánimos de pa nistas y perredistas. Y ahí, José González Morfín y Pablo Gómez discuten. El punto a debatir: qué duele más, un escupitajo o una mentada de madre.
El legislador del PAN, afirmará que el maternal recordatorio es lo que más hiere a los mexicanos. El líder de la bancada del PRD responderá que no hay nada más ofensivo que escupir a un rostro.
Mientras, en el recinto continúa el rejuego de versiones. Cada quien según su bando asegurará tener la razón. Se manifiesta una certeza, hubo un escupitajo, pero se especula sobre quién fue el escupidor.
Y de las expresiones de unos y otros surgirá la pregunta: ¿qué fue primero, la saliva a la cara... las palabrotas al viento?
Unos 100 minutos antes, al salón entraron diputados perredistas y se colocaron al pie de la tribuna.
Llevaban consigo retratos de Juárez, Gertrudis Bocanegra, Madero, Villa, Hidalgo, Heberto Castillo. Mostraron en una gran manta: "Todos ellos fueron perseguidos injustamente por el poder y la historia los absolvió".
Lo planearon bien. Antes de ingresar, alguien de la bancada pidió rectificación de quorum para que llegaran más legisladores. En el uso de la palabra estaba otro de los suyos. Presidía la sesión su compañera Marcela González Salas.
Apenas entraron, desde los lugares del PAN voló un grito: "¡Muera El Peje !". Priístas de los que se sientan hasta atrás también participaron en el concierto de exclamaciones pero luego se callaron. Jorge Triana y Margarita Zavala, panistas, exigieron que salieran de ahí los que no fuesen diputados.
Fue entonces cuando subió la temperatura. Marcela González Salas aseguraría que todos los manifestantes era legisladores. Horacio Duarte hasta la zona panista y mostró su credencial. "Vamos ahora a desaforar a Aldana", le dijo algún diputado del PAN. Parecían en charla.
Y de pronto los empujones, los golpes al aire, los insultos.
Corrieron los encargados de la seguridad. "¡Me escupieron en la cara!", aseguraba Duarte. "¡Nos mentó la madre!", gritaban los contrarios.
Ahí estaban. Unos frente a otros. Amenazantes. "¡Porros!" era el grito de los del PAN. "¡Golpistas!", respondían los del PRD. Las miradas se encontraban.
"Fueron ellos mismos los que se escupieron, fue un perredista el que nos escupió a nosotros pero le llegó a Duarte, le decían otros legisladores a su líder José González Morfín.
Desconcierto, versiones por todos lados, en todos los sentidos. "¡Vamos a revisar el video para saber quién fue", proponía Horacio Duarte. No fue necesario, poco después, de bocas de los propios panistas se supo que el autor del ensalivado agravio fue Isaías Lemus.
Clima caliente. Ánimos que ardían. En los extremos, unos y otros, rivales. En medio, espectadores tranquilos, los priístas. De buena gana, Emilio Chuayffet respondía a quien le comentaba que el cardenal de Milán, Dionigi Tettamanzi, se parece mucho a él, casi es su doble: "Pues hay que traerlo para acá, digo, si es que no lo hacen papa".
Encono en San Lázaro. En conferencias de prensa, panistas y perredistas daban visiones encontradas sobre un mismo hecho. "Ya me lavé muy bien la cara, espero que la escupitina no llevara algún virus... digo, como el de la influenza por ejemplo".
Clima cargado en el Palacio Legislativo. Al frente continuaban los retratos de los personajes, y la gran manta amarilla y negra.
Y poco antes de terminar la sesión, Pablo Gómez se acercaba al que irónico llamó "territorio enemigo". Los panistas guardaban silencio a su paso. Luego, saludaba a José González Morfín, "¿me puedo sentar?", decía. Y hablaban. Algo en voz baja. Luego, más alto, se referían a lo que había ocurrido.
Ahí, en ese ardiente salón, entre encendidos ánimos, ellos, los coordinadores de los panistas y perredistas diputados, los que debatían sobre qué duele más, escupir un rostro o mentar a una madre...


