Convencer a los convencidos
Era el discurso más importante de su vida polÃtica. Era una extraordinaria oportunidad de verse como un estadista listo para ser presidente de la República. Que el año que entra, en ese mismo foro, se pondrÃa la banda tricolor. Y, sin embargo, decidió seguir siendo el mismo de siempre.
Desaprovechó la ocasión. En lugar de verse como un lÃder con capacidad de cambiar las conciencias mayoritariamente moderadas, en lugar de trascender a su electorado tradicional, Andrés Manuel López Obrador resolvió ser el candidato tradicional de una izquierda justiciera que, ante la amenaza, discursivamente ataca.
Ayer, en la Cámara de Diputados, no hubo nada nuevo. Fue más de lo mismo, quizá con algunos toques retóricos nuevos, y con el eco de conceptos ya utilizados por otros personajes de la izquierda latinoamericana.
López Obrador sabÃa, como todos en el pleno de la Cámara de Diputados, que serÃa desaforado. Por eso habló poco de su defensa judicial. Argumentó que él no violó la ley y que nunca fue su intención hacerle mal a nadie. Se quejó que el juez sólo mandó a su actuario a levantar las pruebas en El Encino. No aceptó las pruebas y expresó que el expediente estaba plagado de errores. Rechazó el desacato, el dolo o la mala fe.
Lo importante fue su discurso polÃtico con el que se posicionó como un justiciero que es vÃctima de una gran conjura. Remarcó que su lucha es por ideales y principios; que habla con la verdad. Que lo juzgan por su manera de actuar; por lo que representa. Hizo una dura y justificada crÃtica de los graves problemas que vive el paÃs, sobre todo en el asunto de la desigualdad. No se esperaba otra cosa del lÃder actual del partido de izquierda. Sin embargo, como siempre pasa con la izquierda, sabe identificar bien los problemas, pero no las soluciones. Sólo propone "nuevos" proyectos de nación, muy generales, donde no quedan cuáles son las polÃticas públicas alternas. Es más retórica que verdaderas opciones de gobierno.
AMLO promete "una patria para el humillado", algo que ya habÃa mencionado en el Zócalo, y que constituye el primer eco discursivo de la jornada. "Humillados" suena muy similar a los "descamisados" de Perón. Y luego por qué se acusa a AMLO de tener tendencias populistas.
El ahora ex jefe de Gobierno capitalino no dejó tÃtere con cabeza en su discurso. Atacó por igual a los partidos Acción Nacional y Revolucionario Institucional, quienes juntos representan a casi cuatro quintas partes de la población mexicana; a los empresarios quienes, dijo, le solicitaron a Fox que pararan a López Obrador en su camino a la Presidencia; a la Suprema Corte de Justicia y su presidente por supeditar los principios de la justicia; indirecta y poco elegantemente, a Santiago Creel por tener antepasados porfiristas y huertistas y a Roberto Madrazo por ser hijo de un polÃtico (Carlos Madrazo) que fue vÃctima de la furia del régimen autoritario; a Salinas (no podÃa faltar) por ser el oscuro artÃfice de todas sus penurias.
Pero la crÃtica más dura fue contra el presidente de la República: por faccioso, por urdir su inhabilitación desde Los Pinos, por haber engañado al pueblo. Dijo: "Lamento que el voto útil se haya convertido en voto inútil; que se haya perdido tristemente el tiempo con el llamado `gobierno del cambio` y no se haya logrado nada, absolutamente nada".
Acabó atacando a los diputados, quienes tenÃan en sus manos la posibilidad de desaforarlo: "No espero de ustedes una votación mayoritaria en contra del desafuero. No soy ingenuo, ustedes ya recibieron la orden de los jefes de sus partidos y van a actuar por consigna". Sentenció que los que votaran en contra serÃan dignos y consecuentes, mientras que los que lo hicieran a favor, o se abstuvieran, serÃan cortesanos. Como si los diputados perredistas no votaran también por consigna de sus jefes, por ejemplo, en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. Desgraciadamente, asà es el mundo de AMLO, sin matices: de dignos y cortesanos; de buenos (los 127 diputados que votaron en contra) y malos (los 360 a favor y 2 abstenciones).
Terminó AMLO su discurso pletórico de adjetivos calificativos (santurrones, hipócritas, frÃvolos, ignorantes, etcétera) con un segundo eco de otro personaje icónico de la izquierda latinoamericana: "Ustedes me van a juzgar, pero no olviden que todavÃa falta que a ustedes y a mà nos juzgue la Historia". AsÃ, con mayúscula, según lo consignó la versión estenográfica de la Cámara de Diputados. Qué parecido suena a lo dicho por Fidel Castro en aquel juicio por la toma del cuartel Moncada: "La Historia me absolverá".
Nada nuevo en el discurso de AMLO en su juicio de procedencia. De hecho, fue mejor el que hizo en el zócalo, donde se presentó como un polÃtico responsable que solicitó a sus huestes una resistencia civil y pacÃfica.
Al final, el discurso de AMLO me recordó los documentales de Michael Moore en Estados Unidos. Son excelentes para la gente que comparte las mismas ideas progresistas del cineasta. Son crÃticos, mordaces, estridentes y de gran fama mundial. Sin embargo, no logran convencer a aquellos espectadores que tienen una posición moderada. En otras palabras, sólo convencen a los que ya están convencidos.
leo.zuckermann@cide.edu


