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Algo empezó ayer en el Zócalo

Viernes 08 de abril de 2005 Héctor de Mauleón | El Universal

Parecía que Cárdenas estaba nacionalizando el petróleo. Torrentes de color amarillo desembocaban en el zócalo, y muchas mujeres lloraban mientras los hombres gritaban; algunos se decían dispuestos a llegar "hasta donde Andrés Manuel quiera". No había un solo sentimiento en el zócalo abarrotado. Pero a lo largo de la plancha se palpaba la cólera, la incertidumbre, la indignación.

A ver cómo paran esto decía a sus correligionarios el dirigente perredista Agustín Guerrero. Frente a los portales, tras una celda, se habían colocado figuras de cartón que representaban a Vicente Fox, Carlos Salinas, Santiago Creel, Diego Fernández, Marta Sahagún... "Éstos son los verdaderos ladrones", anunciaba un cartón.

La gente abucheaba al pasear ante las figuras. Miles seguían llegando por las calles aledañas. No era la despedida, sino el inicio formal de la campaña de Andrés Manuel López Obrador. El grito "¡No estás solo!" llegaba hasta la Alameda. La calle estaba alfombrada con hojas pisoteadas en las que alcanzaba a leerse: "¡No a la canallada!", "¡No al desafuero!", "¡Estamos contigo!". Un rugido cimbró la sede tradicional de los poderes cuando López Obrador avanzó hacia el centro de la plancha. Caminaba rápido y tranquilo.

Ciento cuarenta autobuses procedentes de Tabasco habían entrado en la madrugada. Con el alba, grupos de los 17 municipios tabasqueños avanzaron hacia el zócalo. En Madero y Palma tropezaron con un borrachín que gritó: ¡Chínguense a Salinas! ¡Él es el verdadero ladrón! El presidente del comité de base del PRD en Comalcalco, Gabriel Meneses, le había dicho a su gente que era necesario hacer aullar al zócalo. Por su parte, Agustín May, del municipio de Cunduacán, tenía la idea de que Andrés Manuel no se desorientará: Que sepa que los tabasqueños estamos aquí porque él va ser el nuevo presidente de México. A eso vinimos.

Por todos los puntos se hacían entradas corporativas: los vendedores ambulantes del Eje Central, el Comité Ciudadano de Contreras, los miembros de la FSTSE, la Unión Leona Vicario, la UCEM de Ecatepec, y los Comerciantes del Mercado Hidalgo se confundían con redes ciudadanas, con organizaciones perredistas de varias delegaciones que desde la noche anterior acampaban en el zócalo.

Y sin embargo, no todo era clientelismo: acaso la mitad de aquel río humano estaba formada por personas que salían del Metro, o descendían de taxis, micros y autobuses.

Me llamo Martín Huerta. Nada qué ver con el delincuente. Soy de Ixtapaluca. No fui a trabajar y me vine a apoyar a López Obrador porque es el único gobernante que en este país está del lado del jodido.

Araceli Rodríguez. Esto del desafuero es una canallada. Si de verdad Fox y Marta quieren justicia, que resuelvan los asesinatos de Juárez, que metan a la cárcel a Romero Deschamps, que resuelvan Acteal, Aguas Blancas, el Pemexgate y los Amigos de Fox. Que encierren a Echeverría, a los de Pro-Vida y el Fobaproa. ¿Por qué con todos ésos no hacen justicia?

Rafael Gaytán: 65 años. Vine para que AMLO sepa que no está solo, que el pueblo lo va a acompañar hasta que gane la Presidencia. Y también para que el PRIAN vea que aquí no somos violentos. ¿A poco no se dan cuenta de que todos los comercios del centro están trabajando tranquilos?

En la tribuna, el aún jefe de Gobierno hablaba del régimen de los privilegios y el autoritarismo. Se pintaba a sí mismo como una maravilla, y decía que precisamente por eso querían desaforarlo; le explicaba a la gente lo que tendrían que hacer "en caso de que yo falte". En algunas zonas, un murmullo de reprobación acompañó su propuesta de evitar plantones , cierre de calles y daño a terceros. La indignación corrió cuando dijo que el desafuero tenía como fin "quitarme las conferencias de la mañana".

Pueden hacer muchas cosas a título personal. No están impedidos de hacerlas les decía por su parte Leonel Godoy a un grupo de simpatizantes, a las puertas del Holiday Inn de 5 de Mayo.

Atrás, Yeidckol Polevnsky gritaba: ¡Hasta la victoria! mientras los periodistas le tomaban fotos.

Entre la multitud se movían vendedores de tacos de canasta, raspados, paletas, chicharrones, agua y refrescos, y también elementos de la Dirección de Concertación Política, vestidos con camisetas blancas, cuyas misión consistía en extinguir posibles brotes de violencia.

Como si fuera un chiste, un organillero interpretaba en Tacuba e Isabel la Católica el vals "Viva mi desgracia".

López Obrador habló durante 45 minutos. Dos horas y media después, el zócalo no terminaba de vaciarse: el torrente amarillo no tenía fin, inundaba los alrededores, seguía voceando consignas.

Los tabasqueños y los miembros de las organizaciones perredistas, en cambio, aguardaron bajo el sol, pelando naranjas y abucheando a los legisladores del PRI y el PAN que aparecían en las pantallas colocadas a ambos lados de la plancha.

Al correr la tarde, algunos se tumbaron sobre sus mantas, se cubrieron del sol con sus gorras y empezaron a roncar a pierna suelta. Pero esto era anécdota, simple circunstancia. Más que terminar, parecía que algo había empezado el día de ayer en el zócalo capitalino.



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