San Lázaro fue ayer un palacio sitiado. Enormes vallas metálicas, de casi dos metros y medio de alto circundaron sus alrededores. Por primera vez en su historia se volvió impenetrable. Los contingentes integrados por sindicatos, organizaciones populares y vecinales se acercaban al recinto legislativo por cuatro puntos distintos, pero se topan ahí, con el cerco. La masa de manifestantes se dispersa por todo lo largo del valladar, en busca de una rendija, un recoveco.
Son miles, en columnas que avanzan, confluyen, se nutren y rodean la Cámara de Diputados; pero se encuentran con esa barrera, que forma un cerco para los de dentro? y los de fuera. Ahí se estrella el griterío, las consignas.
Son casi 10 horas de protestas, ríos humanos por las calles desde el mediodía. Se ve amenazante el contingente.
Del lado poniente, por la vía Tapo, se agrupa el contingente más numeroso y agitado. Son más de 6 mil que vociferan, manotean, patean el cercado. Detrás de la valla, silenciosos uniformados sólo observan, escudo en mano.
Trabajadores del Seguro Social se concentran a lo largo de la valla, mientras a lo lejos se reúnen, cerca del Archivo General de la Nación, trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas; algunos beben cerveza.
Las consignas de siempre y los gestos repetidos, pueblo contra pueblo. Los manifestantes llegan hasta la cerca y escupen a los soldados, a los que ellos creen militares, aunque sean policías de la Federal Preventiva.
Les lanzan agua, botellas de plástico, y cohetones y más cohetones. Y luego se escucha una risotada de un grupo que observa a un hombre con máscara de Fox, y una mujer con máscara de Marta, a un lado de una máscara de Salinas.
Parodia callejera, cultura televisiva, porque el enmascarado más alto hace el "colofox" a Marta y todos ríen. "¡Éstos son, éstos son los que ch? a la nación!" .
El primer brote de alarma se da a las 16:09, se escucha el bamboleo de las rejas, en Eduardo Molina, rumbo al Archivo General de la Nación. Trabajadores intentan trasponer el cerco y la barrera de uniformados se cuadruplica en esa zona.
Elementos a caballo salen a reforzar el sitio. El cielo se torna gris, los primeros nubarrones se acercan y con ellos la lluvia. La masa humana crece. Son ya casi 7 mil sólo en el lado poniente de San Lázaro, pero no están ahí sus líderes.
Francisco Hernández Juárez está a casi un kilómetro de distancia, en la explanada de la delegación Venustiano Carranza, en un mitin que pasa inadvertido.
El dirigente telefonista da por terminada la concentración a las 18:30 horas, media hora antes de que el Presidente empezara a leer su discurso.
A las 20:04, un grupo de jóvenes logra derribar una de las enormes vallas metálicas y abre un boquete. Todo augura el enfrentamiento. El número de uniformados de la PFP se duplica, triplica, quintuplica en esa esquina.
Se radicaliza la manifestación. El grupo de jóvenes concentra su fuerza en esa zona y patea otras vallas, lanzan cohetones más potentes. Trabajadores del IMSS piden a sus compañeros no caer en la provocación.
A las 20:20, elementos de la Policía Federal Preventiva lanzan polvo de un extintor. Afuera piensan que es gas pimienta, gas lacrimógeno? Cinco minutos después, los propios trabajadores denuncian la existencia de provocadores, que intentan reventar la concentración. Los trabajadores entran en confusión.
La noche ha caído, unos intentan levantar la valla, los líderes convocan a los trabajadores a retirarse. Los porros se ven inermes y solos. Se hace el vacío. Han sido casi 10 horas de manifestaciones, pero Fox no pudo ver nada, su autobús cruzó veloz entre las vallas y esta vez, el Palacio sí fue inexpugnable.