Fidel Samaniego R.
El Universal
Jueves 02 de septiembre de 2004
Gritos, silbidos, protestas, burlas, que obligaron al Presidente de la República a interrumpir en 15 ocasiones la lectura de su breve informe. En 12 de ellas Manlio Fabio Beltrones llamó al orden a los legisladores y dos veces el presidente de la Cámara de Diputados fue interrumpido por el jefe del Ejecutivo, quien por su cuenta siguió adelante con el mensaje. En el mismo recinto, las voces de la ira y las expresiones de la chunga. Por algunos momentos, al principio y al final, las porras panistas: "¡Vicente, Vicente!", que encontraron complemento de parte de algún priísta: "Arriba Vicente, pero Fernández".
Por allá y por acá diputados con sus pancartas. Una no dejó de mostrarse, decía: "Pinocho". Varios representantes de Veracruz desfilaron ante el presídium con sus cartulinas. Cuando el mandatario salía, muy cerca de él una diputada veracruzana le pidió que la llevara a conocer foxilandia y un enfurecido militante del PAN la mandó a Sullivan. Entonces a punto estuvieron las pasiones de convertirse en golpes.
Vicente Fox y su voz enronquecida, al final opaca. Casi al concluir se animó: "Lo mejor está por venir" prometió. "¡Que ya te vas!", le gritaron.
Un recinto vigilado, sitiado, como nunca antes. En el interior, por todos lados, detectores de metales o algo más.
En grupos llegaron los generales, los almirantes, los senadores. Juntos y bajo paraguas los integrantes del gabinete. A ellos los encontró en el vestíbulo Felipe Calderón. Los saludos fueron breves. El aspirante a presidente platicó con Luis H. Álvarez.
En el salón, mientras tanto, hablaban en tribuna los representantes de los partidos. Manuel Velasco, del PVEM, encendió los ánimos, irritó a unos, entusiasmó a otros.
Se declaró un receso. En los palcos, la familia presidencial, y los invitados especiales. Ahí Juan Francisco Ealy Ortiz, Presidente y Director General de EL UNIVERSAL. Los gobernadores ya ocupaban sus lugares. En la zona baja, Porfirio Muñoz Ledo y Roberto Madrazo se abrazaban con fuerza, platicaban, chocaban sus manos, establecían una cita. Andrés Manuel López Obrador subía al mezzanine.
Y antes que la campana del presidente de la sesión, se escuchaban gritos: "¡Fox entiende, la patria no se vende!" El Presidente de la República entraba. Se entonó el Himno Nacional. Cuando concluyó alguien proclamó: "¡Viva López Obrador!", gritó una mujer.
Manlio Fabio Beltrones concedía luego el uso de la palabra a Vicente Fox. Y apenas iniciaba, llegaba hasta él la burla. Señaló que en su mensaje se referiría únicamente a los aspectos mas relevantes. "¿Cuáles?", le preguntaban a coro desde atrás.
Siguió él con la lectura. Continuaron exclamaciones y leyendas en cartulinas. Le reclamaban la falta de recursos al campo, le recordaban de las balas de goma, le decían que el Seguro Social es un patrimonio nacional, le exigían: "¡No al Fobaproa!", le retaban: "¡No al desafuero!".
Una, dos, varias veces. En unas y en otras Beltrones pedía a sus compañeros que respetaran la ley. Interrupciones en las que el Presidente mantenía la mirada en algún lugar, como perdida. Tibios, breves, los aplausos panistas casi todo el tiempo hasta que Fox señaló que cada quien es responsable de sus decisiones ante la ley y debe afrontar las consecuencias. "¡No al desafuero!", replicaron los del PRD.
Por fin terminó de leer el mandatario. Legisladores de su oposición se levantaron y le dieron la espalda, de pie los de su partido le aclamaron. Más tarde la respuesta de Manlio Fabio Beltrones.
Cuando concluyó la sesión, Fox atravesó con grandes zancadas la explanada. Le seguían los miembros del alguna vez llamado gabinetazo . Después tomó el camino de retorno, otra vez por la zona del silencio.