México fue uno de los primeros países en reconocer el nuevo Estado cubano que nace en 1902. Ambas naciones establecen relaciones diplomáticas el 20 de mayo de ese año, bajo los gobiernos de Porfirio Díaz y de Tomás Estrada, el primer presidente cubano después de que la isla se independizó de España. No hay grandes noticias de esta relación hasta los años 50, cuando la inconformidad incubada por años de sometimiento y atraso en la sociedad genera en la sociedad cubana brotes de protesta que devienen en guerrilla que lucha contra el gobierno del presidente Fulgencio Batista.
El DF, cuna de la Revolución
Es entonces que México se convierte en santuario de la insurgencia cubana. En cafés y vecindades de esta ciudad el guerrillero Fidel Castro y sus compañeros, entre ellos el legendario Ernesto Guevara, El Che , conspiran contra Batista.
Sus actividades clandestinas no pasan inadvertidas por los servicios de inteligencia mexicanos, que el 24 de junio de 1956 los detienen con intenciones de deportación, misma que no se cumple por los oficios que interponen dos personajes de la vida nacional, el ex presidente Lázaro Cárdenas y el encargado de la Dirección Federal de Seguridad, Fernando Gutiérrez Barrios.
Tres décadas de ayuda mutua
En 1961, las presiones del gobierno estadounidense para que América Latina condene al naciente gobierno de la isla llegan a México.
El 19 de abril de ese año el ex presidente Cárdenas encabeza un histórico mitin en la explanada del Zócalo, subido en el toldo de una camioneta, para arengar en pro de la solidaridad con el pueblo cubano.
México mantiene invariable su posición diplomática de respeto al principio de No Intervención, aun en enero de 1962, cuando Cuba es expulsada de la OEA por su filiación marxista.
La solidaridad mexicana es correspondida por Cuba, a su manera.
En los años 60 y 70 Castro patrocina de manera velada procesos nacionales de exportación de su revolución, financiando y entrenando a guerrilleros de todo el continente. No obstante, académicos de los movimientos sociales de la época reconocen que México es el único país en el que Cuba no promueve ni auspicia movimiento guerrillero alguno.
Por el contrario, en agosto de 1975 el presidente Luis Echeverría es recibido en La Habana con todos los honores.
La relación del régimen de Fidel con José López Portillo es todavía mejor. El 3 de julio de 1980 López Portillo visita La Habana y declara: "Nada soportaremos que se le haga a Cuba, porque sentiremos que se nos hace a nosotros mismos".
Tanta amistad se empaña un año después, cuando en marzo de 1981 el presidente de México, "tras un penoso proceso de convencimiento", invita al comandante Fidel Castro a no asistir a la reunión cumbre NorteSur, convocada para octubre de 1981 en Cancún, que reuniría a los principales jefes de Estado y de gobierno del mundo. El presidente Ronald Reagan había mandado el mensaje a México de que era su condición para asistir que Castro no lo hiciera.
Como prueba de amistad, Castro visita a López Portillo en Cozumel el 7 de agosto de 1981.
Luego asiste a la toma de posesión de Carlos Salinas como presidente de México, en 1988.
Castro vuelve a México en 1991 con motivo de la primera Conferencia Iberoamericana de jefes de Estado y de gobierno, que se realiza en Guadalajara.
México y la disidencia
En el continente se da, por estos años, una corriente de condena al régimen de Castro, por la falta de libertades y por su atraso económico. Es entonces cuando sucede un hecho inédito en la historia de las relaciones México-Cuba: el 4 de agosto de 1992 Salinas recibe en Los Pinos a Carlos Alberto Montaner y al fallecido Jorge Mas Canosa, ambos radicados en Miami (el primero, presidente de la Unión Liberal Cubana, y el segundo presidente de la Fundación Cubano-Americana).
El hecho provoca un enfriamiento. Pese a ello, Castro es invitado a la ciudad de México el 15 de julio de 1993 y Salinas corresponde la visita un año después.
Con Zedillo la relación continúa en descenso. Se toca fondo en noviembre de 1999, durante la novena Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y Gobierno, en La Habana, cuando el presidente mexicano hace comentarios críticos sobre la situación de los derechos humanos y las libertades en el continente americano.
El 5 de noviembre de ese año Zedillo se reúne con Carlos Alberto Montaner. Nueve días después, la canciller Rosario Green se reúne en La Habana con el líder disidente Elizardo Sánchez. El deterioro avanza.