Confesiones desde la isla
Jamás pensé que la situación llegara a tal extremo, admitió Carlos AhumadaVÃctima de una fuerte depresión por su largo encierro, Carlos Ahumada Kurtz reconoció hace tres dÃas en Cuba, que el problema generado por los videoescándalos se le habÃa ido de las manos, y que ya no entendÃa nada de lo que estaba ocurriendo.
Según testimonios confiados a EL UNIVERSAL, ante su esposa Cecilia Gurza, quien lo visitaba frecuentemente en su encierro, Ahumada se mostró consternado, al enterarse de que varios de sus colaboradores estaban declarando ante las autoridades e incluso algunos de ellos bajo arraigo.
Reconoció que jamás pensó que la situación llegara a tal extremo, y se quejó de que las autoridades cubanas lo tenÃan prácticamente incomunicado, sin permitirle siquiera hacer llamadas telefónicas.
Tanta era su angustia que llegó a comentar a su equipo de abogados que sentÃa que le faltaban fuerzas para seguir luchando y viviendo.
Esos comentarios preocuparon tanto a las autoridades cubanas como a sus representantes, que incluso analizaron la posibilidad de poner a su disposición a un sicólogo, para que le tratara la depresión en que habÃa caÃdo.
Ante la negativa por parte del gobierno de Cuba para que pudiera hacer llamadas telefónicas a sus colaboradores, Ahumada hizo llegar algunos escritos a su esposa y a su equipo de abogados, para pedirles que lo ayudaran.
"Ya no entiendo nada de nada? siento que las cosas se salieron de mi control", establece en una de las misivas a la que tuvo acceso este diario.
En algunos de esos escritos entregados a su esposa y a su abogada, el empresario dice sentirse sumamente desesperado por el encierro, tanto que le temblaban las manos al tomar los papeles.
Ahumada estuvo confinado casi un mes a una pequeña casa con apenas lo indispensable para sobrevivir. No tenÃa permitido hacer llamadas telefónicas, ver televisión ni leer periódicos, revistas o libros, solamente los documentos legales que le llevaba su abogada.
Todos los dÃas le llevaban sus alimentos preparados, pues el lugar no contaba siquiera con una cocineta.
A su esposa le comentó que se sentÃa muy mal por haber involucrado a gente de su confianza que no tiene ninguna culpa.
Mucho más delgado y demacrado, en los dÃas que estuvo preso en la isla sólo fue visitado por su esposa, que era revisada minuciosamente, y su abogado Juan Collado, quien sólo tenÃa derecho a acompañar a su colega cubana, pues las leyes de ese paÃs impiden litigar a los extranjeros.
Todas las veces que lo visitó su esposa estuvo presente un guardia junto a ellos, escuchando todo y escudriñando los documentos que ponÃan sobre la pequeña mesa donde sentaban uno frente a otro.
Ahumada aprovechaba esas reuniones para girar instrucciones sobre el manejo de sus negocios en México, pero la inexperiencia de su esposa hacÃa que sus indicaciones no se cumplieran al pie de la letra, por lo que todo quedaba a medias.
Debido a ello, sus operadores en el paÃs pensaban que el empresario no se daba cuenta de su situación, pues giraba instrucciones sin saber que las personas a las que buscaba se encontraban arraigadas o escondidas.
Con su inesperada deportación, quedó pendiente una lista de amigos que se habÃan anotado para viajar a Cuba, en cuanto fueran autorizados por el gobierno de la isla.
La última visita de su esposa habÃa sido apenas el martes pasado, y nada se sabÃa de la deportación, hasta que ayer por la mañana recibió un telefonema del propio Ahumada, diciéndole que estaba por regresar a México.


