Días para recordar. Como si no hubieran pasado los años. Fechas para la memoria. Casi todos saben dónde estaban, qué hacían a la hora en que Luis Donaldo Colosio moría en Tijuana. Evocaciones, añoranzas. "Esperábamos a Colosio en Navojoa. Apalabramos el alquiler de 50 mil sillas. Fácil iban a estar más de 100 mil. Ya estaba hecho. Venían los cambios. Y que nos llega la noticia". Y se le agrandan los ojos por el asombro a Guillermo Hopkins.
"Con un molde que Luis Donaldo aprobó se iban a hornear 400 mil coyotas para darlas a la muchedumbre que ya tenía listos los brazos para recibir al candidato. Y mira lo que pasó", reflexiona rendido Daniel Tréllez.
"Donaldo me envió a Mexicali para organizar a las mujeres como lo hice en Hidalgo, en la primera semana de la campaña. Allá iba a ultimar detalles. El avión hizo una escala. Comenzó el rumor. La atmósfera del viaje se hizo densa; tristona. Y luego...", se le rasga la voz a María Angélica Luna Parra.
Un adolescente de piel blanca, delicada, de mirada curiosa y confiada apareció en la escena. Luis Donaldo Colosio Riojas estuvo en Nogales en la inauguración de la plaza Cívica y el monumento en memoria del padre perdido.
Y más tarde, cuando el sol quemaba en el panteón de Magdalena, frente al mausoleo donde se vive la época de Luis Donaldo y Diana Laura, junto a su hermana Mariana y frente a sus mayores, anunció...
"La ceremonia se ajustará a este orden: haremos una guardia. Escucharemos el mensaje de mi abuelo. Se celebrará una misa".
El padre Antonio Hoyos Martínez refirió: "Será misa de muerto. No de cuaresma. Será la segunda vez que me toque oficiar. Yo no tengo parroquia. Soy un sacerdote jubilado. Tengo 86 años. Como que ya son muchos, ¿no?".
Luego, abrazando a su hermana compartió el azoro de observar a decenas de sudorosos apretujados que se arracimaban frente a ellos para meterlos en sus cámaras. Fotográficas; de video, de papel; digitales. Una lluvia de chispazos que les achataban las facciones. Ahí estaba el joven. Sereno, confiado.
El abuelo Luis. La abuela Ofelia. Y las tías. Los amigos. Las coronas. Las flores para alegrar a los muertos. Los leales. Juan Francisco Ealy Ortiz y su Juan Francisco Ealy hijo. Ignacio Ayala. Miguel Lerma.
Don Luis Colosio pregona...
"Estos diez años sin Donaldo, mi hijo, prueban infinidad de cosas...
"Que los asesinos apostaron por el olvido. Y parecen tener razón. Que muchos mexicanos de bien morimos un poco entonces. Que los hombres de bien que consagran la vida a causas legítimas y elevadas jamás mueren. Que son muchos los que piden que calle. Que abundan los que tildan mi exigencia de justicia de grotesca. Que esos no vacilan en tacharme de viejo necio que persigue lo imposible.
"Yo no callaré. A mí no me mueve el deseo de venganza; yo no busco notoriedad. Tampoco poder. No me ciega la ambición. Es mi amor de padre lo que me inspira y mueve. Recordar a Donaldo es un grito. Un clamor por la justicia".
A las nueve de la mañana comenzaron las ceremonias. En el centro de gobierno Eduardo Bours ve cómo se iza y arría hasta dejarla a media asta la Bandera Nacional. Y luego al monumento. A la avenida Luis Donaldo Colosio.
La niña Dulce Georgina Robles del quinto año de la escuela Carlos M. Calleja de Ciudad Obregón memorizó y repitió con tiple y sonsonete lo que debía decir. "No permitas, Luis Donaldo, que la gente ruin y sin escrúpulos eche a perder nuestra mente".
Heriberto Lizárraga, Adalberto Villaescusa, Enrique Jackson, Josie Robles "¿Se acuerda? Yo era la responsable de los invitados especiales en la campaña de Donaldo" ven al joven Carlos Daniel Fernández que dice...
"Mi generación fue víctima directa del asesinato de Luis Donaldo Colosio".
Y más tarde en Nogales, en la plaza Cívica que está en Obregón y Prolongación de Obregón, él mismo excita...
"Vamos a conmemorar la vida de Luis Donaldo Colosio. Pongámonos botas, overol y cascos. Guardemos en el ropero las ropas de luto. ¡Ea! Pongamos manos a la obra. México lo quiere".
Luego Carlos Daniel Fernández Guevara narra a EL UNIVERSAL...
"Luis Donaldo fue mi `niño`. Mi padrino. Cuando todavía se acostumbraba llevar a los niños a que el cura los confirmara. La cachetadita famosa. Mi padre y Donaldo fueron muy amigos. Tanto que cuando regresó del Tec de Monterrey y se las ingenió para hallar trabajo, fue mi padre quien le dio su primer empleo.
"Lo llevó a Queréndaro, Michoacán. A una empresa llamada SITA, dedicada a proyectos. Un señor de apellido Barnetche era el dueño. Ahí estuvo también José Luis Soberanes. Yo soy contador público. Y luego hice una maestría en Administración y Políticas Públicas en la Universidad de Columbia, en Nueva York. Y el señor gobernador me nombró subsecretario de Gobierno. Acabo de cumplir 30 años".
Pues estaba que no cabía en el traje. Sonrisas por aquí. Felicitaciones por allá.
Y el gobernador de Sonora, Eduardo Bours, exige: "¡Que se abran los archivos del caso Colosio! Despejemos las dudas que tanto ensombrecen a México".
Persiguen los reporteros a Enrique Jackson Ramírez. Cuando cercan al senador...
"Es que el país desconfía del resultado de esas investigaciones... El caso no está cerrado... Hay un reclamo de justicia. Hoy es día de Colosio; no hablemos de nada más".
En la plaza Cívica Luis Donaldo Colosio de Nogales, los bomberos se enredan con la Bandera Nacional. Quieren izarla al revés. Descubren el equívoco. La colocan de cabeza. Por fin, el gobernador se pone a destrabar lo mal hecho.
Lorenzo de la Fuente presidente municipal da noticia.
"Esta plaza, con el monumento réplica del que se halla en Hermosillo, se hizo en 27 días".
"La mejor obra del trienio", lo embroman.
Martha Alicia Mendívil, directora de la escuela primaria Primero de Junio, describe...
"Son los sureños, los que vienen atraídos por la maquila o por irse al otro lado, los que alteran la vida de Nogales. Carecen de todo. Los servicios públicos no alcanzan. Y está la droga, el narcotráfico y el crimen.
Y la flamante plaza se estremece con el coro que hace diez años sacudía al país entero...
"¡Duro... Duro... Duro...!"
"El ataúd de Donaldo llegó a Nogales. A ese aeropuerto que hizo Miguel Alemán. Y de ahí, por carretera lo trajimos a Magdalena. Los traileros se detenían. A bocinazos saludaban. ¡Qué día tan triste! Y por el lomerío la gente que le decía adiós al cortejo. Los hombres se descubrían. Mujeres hubo que dibujaban una piadosa cruz en el aire.
"Los automovilistas cedían el paso. Estaba la mañana fría, ¿recuerdas? Y luego el aironazo que se soltó a la hora del discurso de Diana Laura. Helaba casi. Como si el arroyo del Sásabe que corre detrás del camposanto se fuera a salir de madre. ¿Recuerdas? Y ya pasaron diez años".