Una pelÃcula donde el héroe ya no regresó
La familia Colosio Riojas y su dÃa negroElla era la tristeza. Ella y su frágil figura. Pero también su impresionante fuerza. Su amor. Ella, Diana Laura Riojas viuda de Colosio, la que unas semanas después de aquel dÃa negro revivÃa escenas...
"Cuando llegamos a México y nos recibió el presidente Salinas, ya cuando habÃan bajado el féretro con el cuerpo de mi marido, le dije: `Señor presidente, antes que nada quisiera que quede claro que ni este paÃs es Argentina ni yo soy Eva Perón`".
Y agregaba que si bien el que era jefe del Ejecutivo nada le habÃa dicho, sà habÃa escuchado ya ciertas manifestaciones en el sentido de que... "¡No quiero ni repetirlo! ¿Cómo es posible que hubiera quien pensara que yo podrÃa aceptar alguna candidatura? ¿No podÃan entender quienes pensaban asà que yo lo que querÃa era lo imposible, tener vivo a mi marido, conmigo, con mis hijos?".
Ella, Diana Laura en esa casona en el Periférico, al sur de la ciudad. Eran las oficinas de la fundación en la que trabajaba. Ahà habilitó un despacho para el pequeño Luis Donaldo, su hijo, quien de la escuela llegaba a hacer su tarea y a acompañarla, a acompañarse.
Ahà ella, y su charla que se interrumpÃa cuando llegaba a la sala el pequeño con una mirada tan parecida a la de su padre. Le regaló unas margaritas que acababa de cortar en el jardÃn. Le dio un beso, le dijo: "Te las acabo de comprar en la mejor florerÃa del mundo".
Él se retiraba. Quedaba un silencio que ella rompÃa con esa estremecedora serenidad: "¿Sabes cómo supo el niño de la muerte de mi marido? Cuando todo pasó, y en las horas siguientes tuvieron cuidado en la casa de no prender la tele ni el radio. Pero llegó el momento, mi hermana le dijo que habÃa un juego, que en una hoja le escribirÃan una pregunta y él en otra le darÃa la respuesta. Preguntas como quiénes eran sus héroes favoritos, que si Supermán o Batman o algún otro. Él respondÃa. Después se le preguntó si le gustarÃa que hubiese un super héroe que sólo lo cuidara a él, que lo quisiera más que a nadie, dijo que sÃ. Y luego, que si le gustarÃa que ese personaje pudiera hablar con Dios, y estuviera en el cielo, y que fuera su papá. Entonces ya no escribió, lo respondió con su vocecita, con una expresión muy especial, dijo que no, porque su papá no se iba a morir, que nunca se iba a morir".
Cada vez más preocupado, el chico escuchó la pregunta repetida. "Pero, ¿y si se muriera?". Y la respuesta, un "¡nooooo!" que se repitió, que se volvió un llanto desgarrador cuando el niño supo que su papá, su amigo, su héroe, no regresarÃa más.
Diana Laura. "¡Asà no era! ¡Asà no era!", repetÃa junto al ataúd en el cementerio de Magdalena de Kino. Y pasaba su mano suavemente por la madera, como si fuera una caricia para él, para Luis Donaldo. Y repetÃa: "¡Asà no era!".
Pasaron los dÃas. Y en esa casona, su refugio, en una de las varias pláticas aclaró: "¿Sabes por qué decÃa yo eso? Bueno, pues para mà mi vida, sobre todo cuando conocà a mi marido y con todo lo que siguió, con sus detalles, con nuestros hijos, y con él en su trabajo, y llegar a candidato, y cómo hablaba ante la gente, y cómo lo buscaban, lo abrazaban, todo eso y más, eran para mà una pelÃcula. Y ese dÃa en el panteón me lo estaba repitiendo, y cuando menos me di cuenta ya lo estaba diciendo, y es que asà no era el final de mi pelÃcula, de nuestra pelÃcula".
Diana Laura y su tristeza. Pero también esa dulce, muy dulce sonrisa. Hablaba y hablaba, compartÃa: "Tantas veces lo escuché o lo leà y ahora yo lo pienso. Pienso o quiero creer que todo ha sido un sueño, una pesadilla, pero que voy a despertar y lo vamos a ver. Y para ayudarme, para ayudarnos, trato de meterme en la cabeza que todavÃa está en la campaña y que no me habla porque a donde está no funcionan los celulares. Pero hago de cuenta, y se lo digo a mi hijo, que cualquier noche va a regresar, y que como acostumbraba nos va a buscar, y que nos vamos a esconder para asustarlo cuando nos encuentre. Y al otro dÃa, volver a empezar, y venir acá, y no querer, pero pensar y pensar y pensar mucho".
Ella ahÃ. Una mañana se le tuvo que esperar, estaba ocupada. Poco después platicaba, "es que estaba hablando con don Miguel Montes, vino a informar de cómo van las investigaciones".
Ella y su dolor casi sin lágrimas cuando estaba con alguien. Casi. Otro dÃa, después de colgar el teléfono sà lloró. HabÃa hablado con el Presidente de la República, quien le platicó de la visita que acababa de hacerle su hijo Luis Donaldo en Los Pinos. Le dijo Carlos Salinas que el niño estuvo en su despacho, después hizo un recorrido por la residencia y que de regreso a la oficina, él le pidió al pequeño que se sentara en su lugar, tras el escritorio. Luisito le dijo que la bandera que tenÃa sobre la mesa era muy bonita. Salinas le habló de todo lo que significaba. Y ya cuando se iban a despedir se la quiso regalar. "Y si es tan importante, ¿para qué me la quieres dar?", le respondió el chico.
Diana Laura. En otra ocasión, impresionada escuchó a quien le platicaba que habÃa soñado con Donaldo, que éste le habÃa dicho que ya no podÃa regresar permanentemente, que sólo pudo tener tiempo para visitar a unos amigos, y que le pedÃa por favor que estuviera al pendiente de su esposa y de sus hijos. "¿Cuándo fue eso? ¡No lo puedo creer! FÃjate que yo lo soñé y me dijo que se tenÃa que ir, pero que ya le habÃa dicho a amigos nuestros que estuvieran al pendiente de nosotros".
Pidió entonces que se le escribiera de ese sueño al reverso de una foto que le habÃan regalado, la imagen de Luis Donaldo Colosio la noche en que entró al auditorio del PRI y ella lo vio y pensó: "¡Qué Kennedy ni que nada!", por lo guapo que lo veÃa.
Diana Laura. Semanas más tarde, en un desayuno tras la primera comunión de Nitza y de Yoab, cuando su anfitrión tomó en sus brazos a Mariana, la princesita de Donaldo, y vio cómo la niña se recargaba en el hombro, entonces sÃ, como no se le habÃa visto, dejó salir su emoción, su dolor, dijo: "¡Mi hijita, su papá es el que le va hacer mucha falta!".
Diana Laura, la de esos dÃas, ella tan triste, ella tan dulce, ella tan fuerte...
*De los apuntes para el libro en preparación ?De Memoria? de Fidel Samaniego


