El Himno y vivas, el adiós a López Portillo
El canto del Himno Nacional y dos o tres "¡Viva José López Portillo!" fueron las últimas expresiones de adiós al ex presidente que gobernó a México de 1976 a 1982.
Y entre empujones, voces de "Calma señores" (a fotógrafos y camarógrafos) que se escuchaban entre gritos espontáneos y una plegaria: "Señor, perdónalo y acompáñalo en este viaje astral", terminó el último capítulo para quien se definió como el "último presidente de la Revolución".
Ahí, en el panteón militar frente a la gaveta 190 del Módulo A-11 Sección 2 del Mausoleo de las Águilas Caídas donde quedaron los restos del ex mandatario fallecido el pasado martes, su viuda, Sasha Montenegro y sus hijos Alejandro, Nabila, Paulina, Carmen Beatriz, y José Ramón, lloraron en silencio en lo que este último consideró un acto sobrio "digno de mi padre".
Fueron pocas las personalidades que llegaron al último adiós, no como el miércoles. Estuvieron un tanto solitarias las últimas horas en que velaron al ex presidente y durante su sepultura.
Temprano llegaron al velatorio Militar de Lomas de Sotelo el senador Emilio Gamboa, Jorge Bolaños, embajador de Cuba, cuyo presidente, Fidel Castro, tuvo una estrecha relación con José López Portillo.
Arribaron al Velatorio también Guillermo Soberón, ex secretario de Salud, y Alejandro Carrillo Castro, este último desde ayer hizo acto de presencia en el lugar al que también llegó la priísta Beatriz Paredes Rangel, quien dijo del ex mandatario que fue una persona como todas, con claroscuros y quien tenía un buen discurso.
En el lugar custodiado por personal de la Policía Militar, quienes guardaban la privacidad de la familia López Portillo, estuvieron ex colaboradores como Miguel Ángel Godínez, ex jefe del Estado Mayor, quien cuidó detalles de la organización del cortejo fúnebre que se dirigió por Periférico para tomar Viaducto Tlalpan y luego la carretera México Cuernavaca, en cuyos inicios está ubicado el Panteón, a un lado del Colegio Militar.
En el panteón predominó el desorden ante la insistencia de fotógrafos y camarógrafos que querían cumplir con su trabajo, lo que provocó empujones y entre el caos en un pequeño espacio se rompió la tapa de la gaveta marcada con el número 190, donde quedaron los restos de José López Portillo.
"Calma, calma, respeten, no empujen, que están lastimando a las señoras... están lastimando a los familiares...".
"Yo no sé para qué los dejaron entrar si habían dicho que iba a ser privado", comentaban dos mujeres que prefirieron hacerse a un lado ante el desorden provocado por quienes querían obtener una imagen del féretro.
De repente un espontáneo gritó: "Uno, dos, tres" y comenzó a entonar el Himno Nacional, al que se sumaron los hijos y otros familiares y amigos de López Portillo.
Otra espontánea de la cual nadie supo su nombre y a quien nadie la quería escuchar pero que finalmente alzó la voz y se impuso, dijo que López Portillo fue un patriota que gobernó y defendió al país con valentía, lo cual arrancó los aplausos de la mayoría.
Asistieron Jorge Díaz Serrano, Alejandro Carrillo, Pedro Ojeda Paullada y su entrenador de artes marciales, José Alfio Figueroa.
"Fui su entrenador hace 30 años y pienso que fue una gran persona", dijo el hoy gran maestro de la Federación Mundial de Arte Marcial Profesional.


