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A menos de medio año de ocupar la Casa Blanca, el presidente Barack Obama tiene la oportunidad de nominar a un estadounidense para integrar la Suprema Corte de Justicia. Y esto podría ocurrir otra u otras veces en su mandato. Extraordinario. Su movimiento lo muestra de cuerpo entero y, conste, con 59 votos demócratas en el Senado (falta todavía la decisión en Minnesota), su decisión pasaría sin mayores problemas. Su candidata se llama Sonia Sotomayor. Como lo muestra John Dickerson (Slate, 26 de mayo), la candidata es mujer, hispana; su primera nominación importante como juez la hizo George H.W. Bush; con gran experiencia legal (fue confirmada por el Senado dos veces, con un trabajo en las cortes más amplio que sus probables pares); liberal (pero no radical); muy inteligente; con un rango legal de primera —desde las escuelas de jurisprudencia de élite hasta juzgados superiores—. Y una vida real impresionante (enferma de diabetes a los ocho años, huérfana de padre a los nueve, creció en el Bronx y sus estudios los pagó una madre trabajadora). Es decir: Obama ha colocado a los desfallecientes y erráticos republicanos contra las cuerdas. Y el tiempo es perfecto en términos de táctica política: apenas empiezan a calentarse los motores en relación con una reforma migratoria amplia. La tercera mujer en la historia de la Suprema Corte (con ella serían dos activas), e hispana, le da a Obama una base formidable para tener un sólido discurso en relación con este asunto crucial. Obama afirma ante los ciudadanos que su nación es multiétnica y no hay puertas cerradas para quienes respondan a la cultura del mérito. Sea cual fuere su color de piel y su primer idioma. Por cierto: lo mismo puede decirse de su candidato a embajador de EU en México, nacido en Cuba. Los políticos y voceros republicanos más pragmáticos entendieron la profundidad de la propuesta, reaccionaron mal (“es racista”, gritó alguno) y se vieron obligados a retroceder casi de inmediato. “Pa’ los toros del Jaral, los caballos de allá mesmo”. Para iniciar o intentar la recuperación en el sistema crediticio y financiero los operadores son Geithner y Summers; para reestructurar la industria automotriz hay que colocar al frente del esfuerzo a sus históricos beneficiarios: los titulares de los contratos de trabajo. Para encontrar una salida al derrumbe de la burbuja inmobiliaria se debe restaurar el buen crédito y emplear en las tareas de construcción a los inmigrantes, cuyo nivel de desempleo es sustancialmente mayor a otros grupos. Pragmatismo puro, pero con la nueva perspectiva en la que los asuntos de la energía, la salud y la educación tienen la más alta prioridad. Una transición radical hacia una nueva base productiva; pagada, como casi siempre, por las finanzas públicas. Pero aquí salta una liebre: si se trata de pragmatismo en función de una nueva perspectiva general, ¿por qué insistir en recuperar a un equipo gastado y desprestigiado en cuestiones de la más alta seguridad nacional? Pues, Aunque Usted No lo Crea, nuestros conocidos “Los Tres Chiflados” (Mudd y sus dos amigotes del equipo mayor antiterrorista de George W. Bush) ya se incrustaron de nueva cuenta en los mandos del recontraterrorismo en el Consejo de Seguridad Nacional, el Homeland Security y la propia CIA. Y de ahí que ya vemos otra vez hilarantes notas en The Washington Times en las que los voceros de Al-Qaeda amenazan con contrabandear por túneles en la frontera mexicano-estadounidense ¡maletines con ántrax capaces de causar 300 mil muertes, cuando el polvo se lance como confeti en Union Square y frente a la Casa Blanca! ¡Maletines contrabandeados desde, claro, por supuesto, México, por la alianza de Al-Qaeda y Hezbolá con los cárteles de la droga! No, si le digo: “Los Tres Chiflados” tienen una imaginación productiva y exuberante. Sobre todo en relación con México. Y en esto se muestra la capacidad de complacencia de Janet Napolitano con el sheriff Arpaio, de Arizona, y con nuestros conocidos: los del recontraterrorismo de los tiempos de Bush, instalados en la alta burocracia de Obama. Así: más valdría que en Washington tomaran en cuenta que sus juegos de guerra ya pasaron por Hollywood. Y que en la Casa Blanca, el Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional tomaran en serio los asuntos de la frontera. Por puro pragmatismo.
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