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Recesión, crisis o estancamiento
No nada más a los mexicanos nos gusta exagerar. En los últimos meses, los estadounidenses han actuado mucho como nosotros. Nomás les falta inventarse un ‘gasolinazo’ para igualarnos Ayer, el dato de inflación para el cierre de 2007 los llevó a hablar del “peor resultado en 17 años”. Una inflación de 4.1%, que efectivamente es el peor dato en ese tiempo, pero no por mucho. En 1991 llegaron a 4.2%, y desde entonces los peores años eran de 3.4%. Ahora que con un barril de petróleo a 100 dólares, tener una inflación de 4.1% no suena muy grave. Baste recordar que en los años 70, cuando el petróleo subió de precio de manera parecida a la de hoy, la inflación en EU era de dos dígitos. Pero note usted que, tal vez lo que lleva a los vecinos a sufrir es que México tuvo una inflación menor a ellos. Nosotros nos quedamos en 3.8%, dentro de la meta del Banco de México, y más importante, menor a la de los socios comerciales. Si usted pensó que nunca vería algo así, pues ya tiene para contarle a sus nietos. Desde que medimos la inflación con precios al consumidor, es decir, desde 1973, esto no había ocurrido. Pero acá también inventamos cosas, y sufrimos lo que no deberíamos. No es fácil entender cómo con estos resultados, insistimos en hablar de escalada de precios, alzas generalizadas y cosas similares. Nada más no se ve ese incremento general de precios. Sí hay cosas caras, como ocurre en todos los eneros. El limón agrio a 20 pesos, que no es nada agradable. Pero así pasa al inicio del año, como decíamos, suben frutas y verduras que no están en su mejor temporada. Suben también tarifas y precios del gobierno, aunque sus incrementos son de un tamaño muy inferior al que veíamos hace poco tiempo. Si los precios no están subiendo de manera general, y si tenemos una inflación menor a la de Estados Unidos, no creo que se pueda hablar de crisis económica. Ya hace algunos meses recordábamos lo que fueron las crisis en este país. Para quien sufrió 1982 o 1994, lo que hoy ocurre no tiene ninguna comparación. Ninguna en absoluto. No hay inflación de dos o tres dígitos ni devaluación del peso ni pérdidas masivas de empleo. Es decir, no hay crisis, así que no veo por qué utilizar la palabra. Algo similar ocurre con la recesión, que muchos quieren ver en Estados Unidos. Nuevamente, la palabra se refiere a una “contracción general y prolongada de la actividad económica”, que algunos reducen a tener dos trimestres con caída en lugar de crecimiento, pero ésta no es la manera en que se determina oficialmente si ocurre o no una recesión. Para comprobar si la mencionada recesión ocurre, se utiliza información de producción industrial, ventas al consumidor, desempleo e ingreso real de las personas. La semana pasada le informaba que no había señal clara, en estas cuatro variables, de contracción económica. Hoy le agrego que los dos datos que se publicaron esta semana, de ventas y producción industrial, siguen sin señalar claramente una contracción. Para México, los datos que se han publicado en estos días corresponden a octubre y noviembre pasados, y están “en línea” con la economía estadounidense. Tenemos, los dos países, una economía débil, con crecimiento muy lento, pero aún sin contracción. La industria en Estados Unidos promedia 2% de crecimiento para 2007, y cierra el último trimestre con 1.8%, que parece ser el piso del que iniciará la recuperación. Hasta el momento, no se ven señales de que tengamos contracción durante este 2008. Lo confirmaremos con el tiempo. Para México, la actividad económica de fines del año pasado sigue estando entre 3.5% y 4%, aunque falta tener información de diciembre, cuando las cosas parecen no haber estado muy bien, en parte por la incertidumbre del IETU, en parte por las menores exportaciones a Estados Unidos. En conclusión, tenemos que hablar de estancamiento, tanto en Estados Unidos como en México. No hay recesión en el vecino país, hasta el momento, ni hay crisis en México. Y, de acuerdo con la información que tenemos, no habrá crisis en este país por, al menos, dos años más. Así que preocúpese por otras cosas, no por éstas, que no existen.
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