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Condenados a repetir la historiaNadie piensa en la inminencia de una guerra mundial, pero las condiciones se están poniendo a modo, para que se produzca una conflagración de efectos planetarios Al comienzo del siglo XX, nadie presagiaba una gran guerra. En Europa, todo era optimismo. Los liberales suponían que la estela del progreso tecnológico era ilimitada y las burguesías adineradas no imaginaban que sus privilegios pudieran ser afectados. Incluso algunas corrientes de izquierda creían que el tránsito al socialismo sería pacífico y civilizado. Pero estalló la Primera Guerra y en el fragor de la misma, Lenin hizo estallar una revolución de impacto mundial en Rusia. Estamos ante una situación similar. Nadie piensa en la inminencia de una guerra mundial, pero las condiciones se están poniendo a modo, para que se produzca una conflagración de efectos planetarios. No sólo el conflicto en Líbano podría extenderse hacia la zona circunvecina, sino que se han encendido otros focos rojos: el noreste de Asia es uno, tras las pruebas de lanzamiento de misiles de largo alcance efectuadas por Corea del Norte, hecho que ha puesto en alerta a Japón, Rusia, Corea del Sur y al propio Estados Unidos. En el sur de Asia, el aval de Washington al programa nuclear de la India ha provocado irritación en Paquistán y China, y algo que no se preveía, pero que se suma a los entramados de tensión es el probable deceso de Fidel Castro, un hecho que ya se festeja en Miami con los inefables anticastristas presuntamente listos para invadir la isla. En todos los escenarios es obvia la mano negra del gobierno de George Bush, para quien el mundo se divide entre naciones que están con él y naciones que no lo están, así de simplista y maniquea es su geopolítica. También es obvio, por otra parte, que el petróleo juega un papel en sus estrategias, y no tanto porque obedezca al interés nacional de Estados Unidos sino que obedece a los intereses privados de la familia Bush. Una consecuencia casi inmediata del embrollo promovido por este remedo de führer será el ulterior incremento en los precios de los hidrocarburos. A las escaladas bélicas sumemos la imparable demanda de China e India para el aprovisionamiento de sus industrias, así como el arribo de la temporada de huracanes que ocasionan daños en la infraestructura petrolera. Visto así, no es improbable que los precios internacionales asciendan a 100 dólares por barril a principios de 2007. Son los países importadores los que padecen por la tendencia alcista de los precios. El istmo centroamericano está entre las zonas más afectadas. La espiral inflacionaria desestabiliza a las sociedades, lo que a su vez impulsa la migración hacia el norte, sin embargo, con el endurecimiento de las políticas migratorias en Estados Unidos, mismas que incluyen la militarización fronteriza con México, la opción que les queda es la insurrección. En su condición de exportador de crudo; de vecino contiguo de Estados Unidos; de país con una tradición pacifista, y de corresponsable del desarrollo centroamericano, a México le correspondería un desempeño categórico en la preservación de la seguridad internacional. El problema es que los mexicanos -nuestros dirigentes, pues- parecen estar miopes, no miran hacia el porvenir, sino hacia atrás y, por ende, no emprenden acciones al nivel de momento histórico. ¿Cómo es posible que hayan ingresado a las arcas nacionales más de 38 mil millones de dólares por exportaciones petroleras en el primer semestre de 2006, pero Pemex esté hiperendeudado con 54 mil 300 millones de dólares? ¿Cómo es posible que Hugo Chávez tenga mejor perspectiva diplomática, convirtiéndose en interlocutor entre el Mercosur y Cuba? ¿Cómo es posible que Lula da Silva comprenda mejor la importancia de China y Japón en los interjuegos mundiales? A principios del siglo XX, tampoco se preveía el estallido de una revolución en México. Hoy los desenfrenos podrían hacer que estalle otra. Como entonces, se va a perder la oportunidad de escalar a instancias mayores del respeto mundial. kerber@itesm.mx
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