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Nacimiento del Gato Culto Cada vez que encuentro, por vez primera, a una persona amable se produce una interrogación que no me afecta a mí directamente, sino que busca encontrarse con el primer maullido de un gato que presume de culto aunque bien él sabe que no lo es. ¿Cuántos años tiene el Gato Culto? Me pregunta la señora que me ve por vez primera. Y yo estoy a punto de responderle que la cultura del Gato Culto es una cultura tomada prestada de la sabiduría de todos los pueblos. En ocasiones el Gato Culto acude a un refrán persa y en otras se vale de una vieja frase que ya decía Confucio a su nieto más pequeño. Esto quiere decir que el Gato Culto es usurpador de conocimientos tan antiguos como la propia vida del hombre. O para ser más exacto, de la propia vida de todos los hombres. Ayer una dama, socarrona y amable, quiso saber si el Gato Culto atesora lo que se llama "conocimientos de la humanidad". Le dije que no atesora nada y que incluso duda que la humanidad maneje conocimientos que merezcan ser atesorados. El Gato Culto es partidario de la paz a pesar de que no hay paz que dure más allá de un insulto. En ocasiones cuando yo aprovecho una frase, aparentemente brillante, para que la diga mi Gato Culto descubro que la tal frase es tan vieja que ya la sabían los pueblos de la tierra antes de que el primer gato diera su primer maullido. Otra pregunta que se me hace interesante es ¿quién dibujo por vez primera al Gato Culto? Y la respuesta no puede ser más sencilla. El primer dibujante del Gato Culto fue un periodista que no sabia dibujar. Esta respuesta pienso que merece ser del señor Picasso que sabía muy bien que para dibujar un gato hace falta, únicamente, no saber dibujar un gato. En total puede que en estas páginas haya aparecido 5 mil 500 Gatos Cultos sin que nunca se hayan repetido sus contundentes afirmaciones. Esto significa que poniendo a un gato tras otro ya hubieran podido, sin morderse la cola, dar la vuelta al mundo. Algo más quisiera añadir: no estoy orgulloso de la sabiduría del Gato Culto y espero, confiado, que el Gato Culto tampoco esté orgulloso de su propia sabiduría que se reduce a recordar lo que mis abuelos ya olvidaron. |